Hay una situación que para toda mujer es incómoda y fastidiosa: entrar a un evento y encontrarse a otra vestida igual. Y a Cristina le tocó pasar por este «duro» trance, el viernes pasado, en la ceremonia de asunción del mandatario paraguayo.
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Entraba alegre, cual diva en la alfombra roja, con un vestido chemise floreado con falda semiplisada y cinturón ancho para resaltar el talle avispa.
Toda en color magenta hasta los pies. Pero, a medida que iba ingresando en la sala la sonrisa se le borraba: su par chilena, Bachelet, estaba vestida con un tailleur del mismo tono, imposible que pasara inadvertido como un sobrio beige o gris. Encima les tocaron asientos contiguos. «¡Un desastre!», dirían los críticos de moda.
Claro, quién iba a imaginar la coincidencia si, hasta ahora, la chilena siempre fue ajena a los dictámenes del fashion. Pero, esta vez se animó -sin avisar-al tono más usado esta temporada.
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