28 de enero 2006 - 00:00
Emotivo homenaje a los astronautas del Challenger
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Decenas de familiares, visitantes y funcionarios de la NASA rindieron homenaje a los siete astronautas que murieron en el accidente del Challenger (arriba). El transbordador espacial se desintegró mientras sus cohetes propulsores seguían en ascenso.
"Nuestras vidas quedaron destrozadas", agregó, pero no por eso el programa espacial debe detenerse, Dios, dijo, "nos da la curiosidad y nos reta a hacer descubrimientos".
Para preservar el legado y la memoria de los muertos, los familiares fundaron el Centro Challenger para la Educación Espacial, una institución que fomenta la enseñanza escolar de las matemáticas, las ciencias y la tecnología mediante cursos y laboratorios en todo el país.
Además de Scobee, murieron en la tragedia el copiloto Michael Smith, a los 40 años de edad, el físico Ronald McNair (38), los especialistas de misión Gregory Jarvis (42) y Judith Resnik (37), y el astronauta Ellison Onizuka (40).
La más recordada, sin embargo, es la maestra Sharon Christa McAuliffe, de 37 años de edad, la primera civil en el espacio.
El jueves, los trabajadores de la NASA suspendieron un momento sus actividades para recordar a los fallecidos del Challenger, en tanto que otros homenajes se realizaron en todo el país, incluyendo New Hampshire (norte), de donde era la maestra McAuliffe.
Familiares de Onizuka y Jarvis asistieron a la ceremonia, pero no los de la docente, quienes apenas han hablado de la tragedia desde entonces. La maestra tuvo un hijo y una hija, y su viudo se convirtió en un juez federal en New Hampshire.
Jarvis colocó luego una ofrenda floral frente al enorme monumento de granito pulido que tiene grabado los nombres de los 24 astronautas muertos en el programa espacial.
El lanzamiento del Challenger tuvo lugar el martes 28 de enero a las 11H38 locales, bajo un cielo azul y una temperatura casi polar.
Todo parecía normal en los primeros momentos del vuelo, pero a los 73 segundos, a 14.000 metros de altitud, el Challenger se desintegró mientras sus cohetes propulsores seguían en ascenso y la cabina con la tripulación caía al mar a 321 km/h.
Una investigación halló que las bajas temperaturas afectaron el desempeño de una unión en uno de los cohetes propulsores, causando su separamiento y posterior explosión de la nave.
La tragedia fue transmitida en directo a todo el mundo. Era la primera de una nave espacial desde el accidente del Apolo I en tierra en 1961, que mató a tres astronautas durante un entrenamiento, aunque dos pilotos más murieron en aviones experimentales en 1967, como parte del programa espacial estadounidense.
No sería, sin embargo, el último: quince años más tarde el Columbia se desintegraba al ingresar a la atmósfera, matando a otros siete astronautas.




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