Teriyakid (en TikTok e Instagram) es su nombre, así lo conocen y desea que lo conozcan. Es argentino, tiene 32 años y una vida marcada de adrenalina.
Enfrentó sus miedos, salió de su zona de confort y la rompe "cirujeando" en Nueva York
Teriyakid la rompe en las redes. Apostó y es furor. Cirujear lo cambió para siempre y lo cuenta en este mano a mano con Ámbito. Conocelo.
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A pesar de que su economía no corría peligro en nuestro país, el joven productor de televisión decidió probar suerte en Estados Unidos. Se animó a lo desconocido y fue por más.
Se instaló en Nueva York en febrero de este año y una vez allí, en una de las ciudades más impresionantes del mundo, logró desafiarse a sí mismo para comenzar a desandar un camino lleno de sorpresas.
“Surgió la oportunidad a través de la empresa de mi esposa. Ella trabaja en publicidad digital y dio la casualidad que se abrió una vacante para un puesto similar en la sede de Nueva York y su perfil encajaba con la búsqueda. Nuestro objetivo siempre fue apostar al exterior, ya que si bien no estábamos mal económicamente en Argentina, no podíamos proyectar y construir a futuro por como venían las cosas. Vivíamos más que nada el mes a mes, y a medida que fui creciendo sentí la necesidad de obtener otro tipo de estabilidad. Una que pueda ser proyectada en el futuro y no tanto el presente. Es una lástima porque realmente amo a mi país, pero tampoco podés pasar los mejores años de tu vida esperando que todo mejore por arte de magia”, contó en diálogo con Ámbito.
Y agregó: “Soy productor de televisión y toda mi carrera trabajé como Realizador Audiovisual. Actualmente, soy editor de videos y creo contenido para otras empresas. Uno de los objetivos que me propuse en Nueva York es empezar a crear contenido para mí mismo y poder conectar con el público. "Ser conocido", por ponerlo de alguna manera más superficial. Transmitir a través del humor, lo curioso y mi manera de ser, todas estas experiencias nuevas que vivo en la ciudad. Es por eso que nació “Teriyakid”.
“Siempre tuve miedo de afrontar escenarios que me sacaban de mi zona de confort. Y hacer contenido ayudó enormemente a romper con ese miedo. Miedo a que me vaya mal, miedo a expresarme y exponerme en una red social”, remarcó.
Una vida plagada de aventuras
“Yo soy chato, del sur. Nací en Comodoro Rivadavia pero viví en todos lados (La Plata, Corrientes, Estados Unidos, Buenos Aires). En el 2000, 2001, por trabajo de mi viejo, tuve la experiencia de venir acá por dos años. Viví un año en Kansas y otro en Nueva York. Un día me encontré en un aula de una escuela pública con compañeritos nuevos que no hablaban nada de español. A esa edad tu cerebro es una esponja y al toque enganché el idioma. Agradezco que siempre tuve la tendencia de ser bastante extrovertido y no tuve problemas para encajar y hacer amigos, pero lo pienso hoy en día y hubiese sido muy difícil para otra persona adaptarse a semejante cambio. Realmente creo que fueron dos años críticos en mi vida que definieron mi personalidad al día de hoy. Después volví a Argentina y por estudios me quedé más que nada en Capital Federal”, recordó.
Cuándo comenzó a cirujear
Teriyakid admite y reconoce que “crear contenido no es fácil. Es un trabajo más. Tenés que ser creativo y pensar todos los días que vas a hacer para mantener a tu público entretenido y enganchado. Tenés que ser creativo, saber de marketing, diseñador gráfico, community manager, editor, camarógrafo. Si vos no te movés, nadie lo va a hacer por vos”.
“Sabía que en Estados Unidos había una tendencia a tener lo último y eso a veces genera un consumo medio extremo, pero bueno, es lo que es. Salía a la calle y veía un montón de objetos en perfecto estado y no entendía por qué era que los tiraban a la basura. Televisores led, sillones, muebles, lámparas, electrónica, juguetes, y demás”, confía.
“Entonces filmé un video con la premisa de poder equipar una casa con la basura de la gente, y ahí fue donde explotó todo. Tuvo 14 millones de visualizaciones y dije: 'ok, es por acá'. Empecé a mostrar las cosas que descartaban los norteamericanos y la gente se volvía loca. Desde euforia, curiosidad e indignación. Un combo perfecto para un producto viral”, asegura.
“Mostré las cosas por un tiempo pero me empecé a aburrir de hacer siempre lo mismo, entonces un día decidí que iba a ponerme desafíos con estos objetos. Me los llevaba a mi casa, otro día los vendía y con esa plata hacia algo random (por ejemplo vendí un juego de mesa y esa plata se la doné a un streamer argentino con 0 visualizaciones en Twitch). Otro día regalaba objetos con un fin solidario o también salía con seguidores a cirujear como una alternativa turística”.
Cuántas horas le dedica
El joven sureño relata que “el resultado al día de hoy son más de medio millón de seguidores y más de 50 millones de reproducciones en todo mi contenido. Por lo general, un video cirujeando me toma 3 a 4 horas filmarlo y 1 a 2 horas editarlo. Va a depender de la finalidad que tenga esa cirujeada”.
“Más allá de los números siento que logre desbloquear muchos niveles a nivel humano. Por alguna razón siempre tuve miedo de afrontar escenarios que me sacaban de mi zona de confort. Y hacer contenido ayudó enormemente a romper con ese miedo. Miedo a que me vaya mal, miedo a expresarme y exponerme en una red social, miedo a que no funcionen mis ideas y el famoso que dirán, básicamente no quería quedar como un boludo. Pero a fin de cuentas lo hago porque me divierte, me motiva y es mi manera de ser. Soy 100% transparente y eso es lo que debería importar. Por suerte, hay gente que comulga con eso y ayuda a que siga creciendo”, indicó.
Su objetivo a largo plazo
Por último, Teriyakid destacó que “mi objetivo con todo esto es poder dedicarme de lleno a Teriyakid. Amo crear contenido y ver sus resultados, soy original y creativo y creo que a largo plazo me llevaría muy bien trabajando en conjunto con marcas/sponsors. No me gusta el término, pero hoy en día le llaman 'influencer'”.
“Creo que lo más loco y extraño de todo esto no son los objetos en sí, sino la manera en que ellos impactan en la vida de otras personas. Ya sea la felicidad que tienen mis seguidores de tener una experiencia cirujeando en la ciudad, es algo distinto e inesperado. Y si tienen suerte se llevan cosas. O también la utilidad que le puede llegar a dar otra persona que realmente los necesite. Siento que lo más extraño es como objetos que terminan en la basura terminan siendo tesoros para otros. Igual, un día me encontré un horno eléctrico que tenía pensado comprar y me ahorró un par de billetes”, concluye entre risas.
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