Éste es el show

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Muchos miramos a Tinelli. En algún momento, aun los que lo repudian abiertamente, lo vieron. Tinelli mira la cámara cuando entra al estudio y besa la lente como hace el crack con el pasto que le da el sustento. Mira a esa tribuna que el televisor muestra desbordante y entusiasmada, pero no nos mira a los que estamos del otro lado del televisor. Por eso hace falta estar ahí, donde todos están contentos de estar. Hasta la bailarina del Colón que acaba una danza en homenaje a Leonardo Favio le dice, conmovida, lo que dicen todos: "Te agradezco, Marcelo, la posibilidad que me das". Esa oportunidad es, claro, la de ser vista.

El programa es la quintaesencia de la televisión masiva, comercial y popular. Eso que tantos critican es, paradójicamente, lo que lo hace exitoso. Marcelo Tinelli es igual de espontáneo que Marley; es flaco y juvenil como le gustaría ser a Susana Giménez; baja línea, pero sin que se le note tanto como a Mirtha Legrand; es tan gracioso como Mariano Peluffo y cumple más sueños que Julián Weich. Su propuesta es ciento por ciento entretenimiento sin culpa.

-Vieja, poné a Tinelli que va a estar Falcioni... Va a estar bueno... Es el director técnico de Boca. Sí, y fijate que voy a estar.

Parece que un director técnico viene a saludar a su caricatura. Los que están en la vereda van a ver a alguno de esos que se encuadran en el genérico de "famosos" y en el peor de los casos se volverán con una foto al lado del Rolls Royce de Ricardo Fort. Los que entran van a ser vistos. Por eso el tribunero pergeña pancartas, disfraces, situaciones que ayuden a convocar un instante de atención. En las primeras filas hay mayoría de chicas, montadas en tacos altísimos, que muestran todo el cuero que permite la calle Olleros a la medianoche, cuando vuelven en colectivo al barrio. Un gesto del conductor y se acomodan el pelo, estiran la pollerita, esperando que la varita mágica se pose en su presencia y les conceda ese ratito de visibilidad que anhelamos en estas sociedades de indiferencia crónica. Artistas, bailarines, promotoras, productores, jurado, público, representantes, grandes y pequeños anunciantes, todos se reúnen alrededor del señor Televisor. Belén Igarzabal, docente e investigadora de FLACSO, señala que "por cada uno que mira hay cien que siguen yendo a ver si pueden lograr que le cambie de una vez la vida. En eso es el reality show más efectivo".

Tinelli es el que más se divierte. Se divierte en cámara y se divierte en el corte. Cuando los figurones dan notas y los productores se agitan, Tinelli sigue disfrutando. En el piso se comprueba que es auténtico ese regocijo que se ve en la pantalla. Igarzabal explica: "Tinelli juega con la complicidad de la audiencia y eso es lo que la hace sentir parte del programa. Es el que mejor maneja el 'nosotros'. Habla en un lenguaje que cualquiera puede entender. Y por más que sea exitoso y millonario, él encarna ese amigo que quisiéramos invitar al asado del domingo". Vestido en marcas de lujo anuncia telefonía, alimento para perros, pizzas congeladas, materiales para la construcción, pipetas para garrapatas o medicamentos de venta libre. Y antes de que lo interrumpa el obligado baile, presenta el libro donde la concursante recuperada de su ACV transmite su mensaje de superación no sin dejar de preguntarle por el capítulo donde cuenta cómo entró el sexo en su rehabilitación.

Es noche de baile de caño y le toca a la modelo sueca que se hizo famosa jugando un picadito de fútbol con Tinelli. Casi al final del ciclo, una brisa nórdica refrescó un poco el aire viciado de la burbuja de los que viven de la televisión y ya pinta para la final. Nadie presta demasiada atención a las proezas a tres metros del piso, pero todos sonríen cuando Marcelo se hace el galán con la rubia. Tampoco importa mucho qué dice el jurado, pero sí que Marcelo mire a la tribuna y salude a un nene discapacitado, lea un cartel de dudosa creatividad o tome de punto a los productores que se dejan porque saben que, como al tal Navarrete, les puede valer la invitación a sacarse la foto de Gente con los personajes del año.
Bailá global, mirá local

"Showmatch", como su propio nombre lo indica, es una contienda por las miradas. La excusa hoy es un concurso de baile global adaptado a ese gusto argentino que el programa sabe interpretar tan bien. A la idea de poner a bailar a personajes conocidos con la exigencia y la fineza de ritmos clásicos como rumba o chachachá, "Bailando por un sueño" agregó sangre, corazón y pases cortos. El baile del caño, el Aquadance, el Streap-dance aportan por estos pagos picos de codiciado rating y excusas para hablar del programa. La versión autóctona tiene un toque de porno casero remarcado por la estrechez de los trajes que muestran más nalgas y tetas que en otros países. Aunque las estrellas más pudibundas exigen por contrato vestuario menos exhibicionista, por lo que se ve, ni Beto César se salva de calzar el hilo dental entre los glúteos.

Lo que verdaderamente convierte al espectáculo en un producto típicamente argentino es lo que se conoce con el nombre científico de "puterío" (dícese de la polémica irrelevante entre personajes de poca monta). Empieza en el jurado y termina con los concursantes de acuerdo con una ley inmutable: a menor importancia del protagonista, mayor intensidad del escándalo para poner a rodar el asunto en la prensa. Se dice que esas disputas es lo que el público pide, pero no hay evidencias de que las audiencias respondan a sus ritmos. Más bien lo contrario. Esas reyertas, sí, alimentan los programas satélite, tanto los de la misma empresa como los que viven de las sobras que tira a Ideas del Sur a los cartoneros de la televisión. No bien salen del plató, las cámaras rapaces los asaltan para urgar en las tripas de la indignación de un puntaje bajo o el insulto que no pudo reprimirse.

El público con su votación muestra que prefiere al que no pertenece a esa farándula de outlet que alimenta el programa. En 2010 consagró a la Mole Moli, un boxeador tan torpe como carismático. En 2011 ganó Noelia Pompa, que inició su carrera en el programa de freaks de Crónica TV. No sólo se le cumplió el sueño de bailar con Tinelli, sino que lo hizo de la mano de Hernán Piquín, desafiando los prejuicios al poner en la misma oración enana, ballet y televisión masiva. En 2012, a los concursantes de siempre se sumaron una nena Down, un bailarín de una pierna y una modelo rehabilitada que estimularon las reflexiones de los programas de la tarde sobre el aporte del show a la integración social o las ventajas competitivas que les daba la conmiseración del jurado. Pero en televisión todo se agota no bien deja de ser novedad, sean los conmovedores testimonios de los que alientan a los concursantes o los personajes de Antonio Gasalla. Hasta fue rápida la desilusión de Florencia Peña para quienes creían que iba a ser una espada del modelo nacional y popular clavada en el corazón del medio más repudiado por la oficialidad. Todo se extinguió tan fugazmente que muchos creyeron que se acababa "Showmatch".

Pero una vez más, Marcelo Tinelli hizo lo que mejor sabe y que más nos gusta y peleó nuestra atención con gallardía y picardía. Primero fue el clan Caniggia, niños ricos que por aburrimiento aceptaron dóciles eso de que nos riéramos de ellos más que con ellos. El "maratón gay" improvisado por Charlotte Caniggia tuvo más impacto en las redes que la política pública para la comunidad GLTB que se dictó ese 3 de julio. Dady Brieva, anterior concursante y actual consorte de la entrenadora de la pareja Piquín-Pompa, ese día develó la receta tinellista: "Acá se cocina mucho y después vamos viendo qué come la gente". Y sí: "Showmatch es a la televisión lo que el tenedor libre a la gastronomía". Y Tinelli es un "gourmand" con paladar popular que sabe detectar los bocados que apetecen sus audiencias, especialmente los que están fuera del menú.

Marcos Gorbán, productor de exitosos ciclos de reality shows en toda Latinoamérica y parte del equipo de Ideas del Sur entre 1995 y 1998, recuerda que conoció a Tinelli en "Edición plus" cuando "Videomatch" celebraba (apenas) mil emisiones. En ese programa Tinelli respondió que el éxito en esos primeros cinco años se apoya en la máxima de que todo cambie para que nada cambie. Para Gorbán, un mérito de Marcelo Tinelli es estar atento a los humores del público y mantener el vínculo más allá de la propuesta del programa, que cambió de nombre y de tenor varias veces sin perder su esencia. Videos caseros, cámara oculta y bromas concertadas, programa de humor, de concurso de chiste, de canto, de dudosos talentos, show de farándula, show de personas corrientes. Tinelli logró lo que no pudo el partido radical en eso de que se doble, pero no se rompa.

No tan mal

Un lugar común que repiten por igual personas de los más variados credos es que "Todo el mundo ve Tinelli". Sin embargo, es un todo de alrededor de treinta por ciento del encendido. En sus mejores marcas, "Showmatch" merodea los 40 puntos de la audiencia, y con los bailes de más producción y osadía agranda un poco el tercio de sintonía. Pero no más que eso. Según datos del sitio especializado Television.com.ar, en 2012 el promedio de audiencia del programa fue de 22,4 puntos, con marca récord de 38,8 el día del debut.

A pesar de que cierta prensa acusa un mal año para "Showmatch", se mantiene cómodo en su franja horaria. Martín Rodríguez, editor de Television.com.ar señala que "La noticia es que no fue el programa más visto del año, sólo eso. No se puede hablar de crisis, porque no sólo tiene que ver la buena performance de 'Graduados', sino el bajo desempeño de las ficciones de Pol-ka, que en competencia directa siempre perdieron". El analista hace referencia a la ficción estrella de Telefé y a los programas que preceden al show, que podrían dejar cierta audiencia. Pero su competidor real, la novela de Telefé, no le hizo mella. Rodríguez confirma que "el otro día fue la primera vez que 'Dulce amor' le ganó, pero sólo esa vez".

Tinelli, por una u otra razón, es la diana preferida de las críticas. Ese amor-odio se materializa en el hecho de que es a la vez el programa de más audiencia y el que recibe más quejas en los organismos del Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión. Sin embargo, los señalamientos reiterados, los escandaletes periódicos, las oscilaciones en el rating no hacen mella en el negocio. Grandes marcas renuevan cada año su apoyo al espectáculo y otras no tan grandes se esfuerzan para estar en ese cuarto de los televisores encendidos en el área metropolitana y colarse fuera de la tanda en el resto del país y el continente.

Al lado de donde se sientan los panelistas de siempre, una mesa acumula unos carteles gigantescos. Desde casa no se puede saber si mira a los reidores o a dos productoras que sincronizadamente despliegan las oraciones que debe recitar Marcelo entre baile y baile para que ocurra el milagro de la publicidad fuera de tanda. Tinelli sabe hacer de la publicidad parte del espectáculo. El beso Aquafresh puede ser una excusa para que el conductor corretee a alguna de las chicas; el antigripal, para que haga alguno de sus celebrados gastes; los cachorritos de Tiernitos aportan el momento de ternurita; y así. Cuando no, le hace leer a Karina Olga el aviso, y ahí sí que es un plato.

Walmart Argentina acompaña el programa desde 2005, cuando estaba en canal 9. Su jefe de Relaciones Institucionales, Gastón Sandler, da razones prácticas imbatibles: "Nuestra empresa tiene un público muy amplio en todo el país y la relación cliente de Walmart/audiencia de Tinelli es alta. Para nosotros es muy importante porque que en un solo medio logramos gran cobertura y alcance a nivel nacional."

La emoción que transmite el conductor a todo lo que toca es aún más codiciada por la política. No en vano, el gobernador de la principal provincia argentina elige el show para presentar sus campañas y varios intendentes se aproximan al conductor para usufructuar esos minutos de fama que todos buscan en "Showmatch". Puede ser como hizo el municipio de Tigre, que cedió locaciones para uno de los programas, o el de Lomas de Zamora, que organizó hace unas semanas una maratón contra la violencia con Florencia Peña de anfitriona. Los intendentes también quieren ir a la tribuna a ser vistos.

Algunos atribuyen a "Gran cuñado", parodia política del reality homónimo, una influencia determinante a favor de Francisco de Narváez en las elecciones de 2009. Una explicación difícil de comprobar, que no aborda por qué el beneficio no se extendió a otros de los caricaturizados. Pero nada fortalece más al show que la teoría de los efectos poderosos que le atribuyen por igual detractores y defensores. Porque, al final, todos vemos a Tinelli. n

@adrianacatedraa

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