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27 de noviembre 2007 - 00:00

Finlandia, que trajo a Botnia, evalúa si repara el Irízar

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En el hundimiento de un crucero turístico en la Antártida, el salvataje quedó en manos de la marina chilena porque la Argentina ha perdido operatividad en la zona por daños en el rompehielos y con aviones que no pueden volar.
A nueve meses del incendio que devoró al rompehielos Almirante Irízar se inició ayer la primera evaluación para repararlo. Con este propósito arribó a la Base Naval de Puerto Belgrano de la Armada una delegación de ejecutivos y técnicos del astillero finlandés Aker Yards que lo construyó en 1978.

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El grupo industrial tiene 18 astilleros en Brasil, Alemania, Francia, Noruega, Rumania, Ucrania, Finlandia y Vietnam, con aproximadamente 13 mil empleados. En Finlandia, sus astilleros se encuentran en Turku, Helsinki y Rauma. El de Rauma está especializado en pequeñas embarcaciones para cruceros y en rompehielos de múltiples propósitos. Nilda Garré asignó ya 3.5 millón de pesos para la reparación de la nave insignia de las campañas antárticas. De esa partida se pagó el equivalente a 290 mil euros por la contratación del astillero finlandés que efectuará un informe de daños con la determinación de qué reparar y cómo hacerlo. ¿Se confirmará aquella afirmación del capitán de navío Guillermo Tarapow (ex capitán de la nave) sobre que el daño no superó 15 por ciento? La tarea de los finlandeses se divide en cuatro fases: la primera es el informe de daños; la segunda, un estudio preliminar de toda la obra; la tercera, ingeniería de detalle con planos; y la cuarta, reparación y provisión de repuestos. Sólo se abonó la primera fase (290 mil euros) y se negocian la segunda y tercera a valores similares.

  • Técnicos

  • La comitiva de finlandeses está compuesta por el gerente de reparaciones de media vida del astillero Aker, Jonas Packelen, ingenieros, técnicos navales y dos miembros de la sociedad de clasificación: Nordske Veritas. Estos últimos verificarán el estado actual del buque para evaluar si con la reparación proyectada puede recuperar los estándares internacionales que exige la navegación en hielos.

    En la Cancillería hubo caras poco felices al conocer la participación del grupo finlandés en la primera etapa de la reparación del Irízar. Para el mundo diplomático todo suma o resta -resta, dicen en este caso- y creen que el gobierno no debería haber contratado a una empresa de Finlandia. El argumento lineal es que ese país nórdico forma parte del reclamo que se hace a Uruguay por la radicación de la pastera Botnia frente a Gualeguaychú. Si hay fuego en la trinchera política, Garré puede apelar a la letra del «Informe del jefe de Gabinete de Ministros, Alberto Fernández al Honorable Senado de la Nación» (Nº 71). Allí se consignaba la decisión de cerrar el negocio preliminar con los finlandeses.

    Dos voceros, el secretario de Planeamiento, Oscar Cuattromo, y el vicealmirante Gustavo Leprón, director de Material Naval de la Armada, se encargaron de avisar de la llegada de los finlandeses al presidente del Astillero Río Santiago (ARS), Julio Urien. Este ex marino dado de baja por conspirar en 1972 y recuperado a las filas navales por un decreto de Néstor Kirchner, está en la puja por una porción de la torta de la costosa reparación del rompehielos. Al día de la fecha no existe un número exacto, sólo estimaciones tan inciertas como si conviene o no encarar la reparación. Todo dependerá de evaluaciones técnicas y de la voluntad política de inclinar la balanza hacia uno u otro lado. Aquí entran en juego intereses políticos y económicos. Comprar un rompehielos nuevo o uno usado en buenas condiciones bloquea la intención de Urien de encargarse de la reparación integral. Claro que siempre pueden hacerse los dos negocios. La Armada no cuenta con ningún buque polar en servicio. Ante este escenario ya hubo ofertas a Defensa para la adquisición de una nave: el Polar Prince que pertenecía a la flota de rompehielos guardacostas de Canadá y figuraba en el registro bajo el nombre Sir Humprey Gilbert. Se busca un reemplazo para el ARA Bahía Paraíso que, como se recordará, se hundió en 1989 por impericia de su capitán, en aguas antárticas.

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