6 de marzo 2007 - 00:00
Hallan en la península de Yucatán los ríos subacuáticos más largos del mundo
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Los cenotes son puntos donde los ríos emergen a tierra a través de cavidades naturales, formando pequeñas lagunas en medio de la vegetación.
Algunos se encuentran en las ruinas de ciudades mayas tan célebres como Chichén Itzá, en el estado de Yucatán, y eran considerados sagrados por los mayas, que depositaban en ellos ofrendas.
El Sistema Sac Actún, por ejemplo, cuenta con 111 de ellos. En el Ox Bel Ha (documentado el año pasado), el segundo río subterráneo más grande de la península y, por tanto, del mundo, con 146 km, se tienen registrados 99 cenotes.
Y son sólo una parte. "Tan solo en el subsuelo de Playa del Carmen (otros de los focos turísticos de la zona) se tiene un registro aproximado de 600 cenotes, (pero) todos los días se está registrando el hallazgo de nuevos", asegura Meachem.
Además, en 22 de ellos se han encontrado unas bonitas sorpresas para antropólogos y arqueólogos: enterramientos con restos óseos de hasta 10.000 años, los más antiguos del continente americano, según el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
"En un periodo muy anterior a los mayas (cuya cultura se inició aproximadamente en el año 1000 antes de Cristo) las cuevas sirvieron como refugio para algunos pobladores cuya ascendencia aún se discute", sostiene la arqueóloga Carmen Rojas, directora de las investigaciones sobre cenotes del INAH.
"Más tarde, entre el 800 y el 1521 después de Cristo las mismas cuevas, ya cubiertas por el agua, fueron utilizadas para depositar cuerpos en ritos mortuorios", los denominados cementerios mayas, agrega.
En cenotes de los estados de Yucatán y Quintana Roo se encontraron cámaras mortuorias bajo el agua, con más de 100 esqueletos en total y otros restos arqueológicos (vasijas y restos de cantera, algunos del 500 antes de Cristo).
Cuatro de los esqueletos encontrados en las inmediaciones de Tulu, el último de ellos en septiembre de 2006, tienen más de 10.000 años de antigüedad, pertencientes al periodo de finales del pleistoceno.
Por todo ello, las autoridades quieren que el área donde se encontraron los tres mayores ríos subterráneos sea declarada patrimonio de la humanidad. "Así el sistema hidrológico quedaría protegido", afirma Betancourt.




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