24 de septiembre 2014 - 19:49
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El nuevo año en el calendario hebreo comienza a partir del ocaso del día 24 y culmina con la puesta del sol del día siguiente, en el mes de tishrei (septiembre-octubre).
Rosh Hashaná abre un proceso de "íntima introspección, para pensar en lo andado, desechar lo que avergüenza e incorporar lo que nos enorgullece", reflexionó la rabina de la comunidad Bet-El, Silvina Chemen, quien comparó: "A diferencia del año nuevo gregoriano, que es una fiesta explosiva que invita a tirar papelitos, Rosh Hashaná convoca a revisar los papeles, ordenarlos y guardarlos".
Es una celebración que sugiere "meterse para adentro. Y cuando uno vuelve a casa es bueno compartir esa experiencia con la familia. Más que en ninguna otra festividad, en Rosha Hashaná nadie debería quedarse solo", convocó la rabina.
Así en la mesa de amigos y familiares no faltarán el pan, el vino, la luz, la cabeza de pescado y la manzanas con miel, además de los knishes, falafel, bohíos de verdura, pleztalej con pastrón, entre otras comidas típicas, que pueden variar según el origen ashkenaz (alemán) o sefardí.
La luz de las dos velas que coronan todas las festividades "habla de que la santidad de este tiempo está muy lejos de la oscuridad; y el vino, está asociado a la alegría que es propia de la santidad. La manzana, fruto de la naturaleza, y la miel, surgida del trabajo de las abejas, nos dan ambas la dulzura que nos hace falta para la vida", explicó la rabina.
Mientras que la cabeza de pescado "representa el comienzo y la parte más importante, la que nos recuerda que no tenemos que doblegarnos", añadió.
"Se bendice el jalá agulá (pan), que en esta festividad serán trenzas en forma circular, para simbolizar lo que para nosotros es el concepto cíclico del tiempo y de la vida. La idea de lo circular nos hace retornar a nuestro proyecto inicial del que solemos alejarnos en el fragor de la vida", añadió Chemen.
La rabina compartió con Télam que "cuando uno es conciente de la circularidad, logra tener paciencia, sabe que las cosas pasan y vuelven a pasar, y eso le permite sostenerse en el círculo en el que a veces las cosas están arriba y a veces abajo; por eso aceptamos tanto los momentos difíciles como los buenos. El que vive en línea recta vive la tristeza y el dolor en dirección al abismo: no hay salida".



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