Es típicamente femenino cambiar el look al compás de los acontecimientos cotidianos. Peluquería y gimnasia tras el divorcio, ajuar para el casamiento, y hasta las graduaciones movilizan el guardarropa. Sin embargo, para las mujeres de la política, el reloj es otro: se transforma por campañas, actos o discursos. Hilda Chiche Duhalde es un ejemplo de las que confían en que un cambio de rótulo amerita la transformación, pero el presente la revela con desaciertos a pesar de sus buenas intenciones, casi como a Cristina.
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Solía pasear su menuda figura por el recinto de Diputados con trajes elegantes de corte clásico, pero mejoró aún más su guardarropa para la candidatura a presidente de su marido, Eduardo Duhalde, como para mostrar con su aspecto la importancia que implicaba la primera dama.
Para ese entonces, sorprendía con vestidos y faldas a la rodilla de colores shocking, como el rojo, y trajes de corte príncipe. Nunca faltaban detalles, como alguna ahalaja de oro amarillo, aros argolla, medallones en el cuello (sus preferidos) y las manos siempre prolijas y hasta sensuales con uñas en rojo brillante, no como ahora despojada de accesorios.
El cabello rubio, voluminoso y corto, con base de permanente -un peinado típico de los noventa-, remataba el look elegante.
Los años pasaron y el charme y buen gusto en el ajuar de la hoy senadora fueron perdiéndose. Aunque ahora se la ve ensayando una nueva manera de vestirse, en esa práctica olvida las reglas básicas de las combinaciones. Comete errores de principiante, tal vez cegada por su afán de lucir juvenil, algo que seguramente hace diez años no figuraba dentro del top ten de sus preocupaciones. Y en eso también se asemeja a Cristina.
«Chiche no luce un look acorde ni con su edad y ni con su posición», aseguró la diseñadora Claudia Arce. En un diálogo con Ambito Financiero, la especialista explicó que la imagen actual de la senadora refleja falta de interés por su aspecto.
«Antes se arreglaba más. Parecía más interesada en su apariencia. Hoy su look es poco cuidado, como si la moda fuese ajena a ella», opinó la modista, aunque advirtió que «a juzgar por los retoques que se hizo para embellecer el rostro, es difícil pensar que realmente no le importa su aspecto».
Arce arriesga su propia explicación para semejante transformación: «Ese look descontracturado seguramente se debe a que antes estaba más expuesta a la mirada y juicio ajeno. Ya no tiene esa presión de estar perfecta para las cámaras porque no cuenta con el mismo nivel de presencia mediática que cuando le tocó ser primera dama. Por eso ahora está despreocupada». Lo más notable del nuevo aspecto, sin duda, fue el cambio en su peinado, ahora menos estructurado y lacio. Además, oscureció el rubio dorado hasta lograr un castaño claro. «La modificación en el cabello fue lo más acertado. Es más natural y le da frescura al rostro», opinó la experta.
También en la vestimenta hubo una transformación rotunda. Abandonó los tonos llamativos por los sobrios -grises, beiges, marrones, negros y blancos-, en prendas poco acertadas: musculosas y remeras de lycra ajustadas, pantalones holgados o faldas largas estilo hippie. Demasiada mezcla de estilos, según la especialista, desconcierta. «Los pantalones tan anchos no la favorecen. Mejor le quedaría el corte recto, ya que tiene una buena figura para resaltar. Además, las musculosas ajustadas de lycra no son acordes para una señora. Debería elegir más las blusas y camisas, y abandonar los brocatos, que la avejentan. Le sentaría mejor usar telas más livianas. El shantú de seda para la noche y los trajes de crepe de Armani para el día son dos buenas opciones», explicó Arce.
Otro detalle por mejorar son los escotes. Usá siempre los V, que son una buena elección, según Arce, porque estilizan el cuello alargando la figura ( justamente lo que ella necesita debido a su escasa estatura). Pero se deja tentar por las poleras sin mangas, que achican aún más su corto talle.
Pese a que la frase «menos es más» representa el ABC de los especialistas en moda, que sugieren que es preferible despojarse de accesorios antes que tirarse el placard encima, hay casos en los que la falta excesiva de elementos en el vestuario también es un pecado. En ese error pareciera haber incurrido, a su vez, Chiche Duhalde. Ya no usa ni bijou ni make-up.
«Es importante que, al menos, recurra a un maquillaje suave. Un poco de corrector y sombra la harían lucir radiante», señala Arce, quien concluye: «Debería adoptar un estilo homogéneo y definido. Hoy pasa inadvertida. Podría usar más tailleurs y faldas a la rodilla y colores como el champagne, que le resalten sus bellos rasgos. Nadie va a pensar que por mostrarse prolija y elegante derrocha dinero. Puede lograr un look espectacular, conservando una imagen sencilla».
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