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11 de diciembre 2007 - 00:00

La moda Cristina

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Cristina Kirchner
Todos los ojos, como una novia -para colmo de blanco- sobre el vestido de Cristina de Kirchner en la asunción y jura. Lo de la novia no es casual: parecía una mujer a casarse, en el Registro Civil. Vestido de encaje con manga tres cuartos y, como siempre, rueda debajo de la rodilla. Para algunos tradicionalistas, la ceremonia exigía algo más clásico (un tailleur estilo Channel, del look de la chilena Michelle Bachelet), pero resultó sobria la elección de la argentina: más que tela, el encaje es un tejido -históricamente exclusivo de la Iglesia para la liturgia, de laboriosa hechura y declinación en el uso con los años-, al cual le combinó la realidad del blanco, «el no color» que habitualmente se utiliza para el inicio de algo importante. Interpretación oriental, claro, que normalmente incrementa el valor de la prenda.

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Otro detalle: esquivó los tonos fuertes, casi siempre utilizados en la realeza, que denotan poder. La mezcla de encaje y marfil, por otra parte, intentó suavizar la expresión del carácter, fuerte como el discurso. Son detalles a tomar en cuenta en la moda Cristina -inspirada o realizada por Susana Ortiz, no Cruz (como erróneamente consignó este diario el viernes pasado)-, algo cargada de anillos y brillantes, más el Rolex habitual. Menos empeño para explicar hubo en los otros modelos que exhibió, sea en el viaje a Río Gallegos (vestido naranja acompañado por un saco de tela labrada color terracota), bastante audaz para su estilo, o los tenues colores crema y cobre que eligió -más un llamativo collar fashion- para adornarse en el acto de creación del Banco del Sur. Entonces, también moderna, en lugar de un blazer que cubriera su vestido claro, optó por una camisa de solapa atada a la cintura, con finas brisas de color natural. Sólo por la noche, en la cena con los invitados del mundo, mostró los hombros descubiertos con un escote cuadrado, importante prendedor de piedras y cinturón de raso. Todo en negro -llamando al misterio y cierta sensualidad- y, por supuesto, de encaje, ya un tejido que hoy abraza con insistencia. En esa velada eligió mayor cantidad de anillos y se recogió el cabello, tal vez para mostrar imponentes aros colgantes. Ese tipo de femme fatale, aun para presidente, le sienta a su personalidad (tal como la dibuja un maestro en ciertas páginas de un matutino); pero, de lejos, lo que mejor le cayó como mandataria fue ayer en la jura ese vestido de encaje antiguo que, justamente, no la hizo ver antigua.

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