8 de julio 2005 - 00:00
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«El Gran Canal, vista nordeste del palacio Balbi desde el
Puente del Rialto», paisaje de El Canaletto que se vendió
ayer en u$s 32,5 millones; en otra subasta, se pagaron
u$s 20 millones por otra obra del artista barroco.
Así, y ya en el siglo XIX, las cotizaciones de El Canaletto fueron escalando posiciones sin demasiados altibajos, y durante todo el siglo XX, sus obras se consideraron como una de la pocas inversiones aconsejables y seguras en un mercado que padece fuertes oscilaciones. Pero toda regla tiene su excepción, y los récords actuales vienen a alterar un equilibrio secular con una suba inesperada.
Formado como escenógrafo, El Canaletto ( Giovanni Antonio Canal, 1697-1768), supo trasladar a las telas como nadie la teatralidad de Venecia. En una muestra realizada hace tres años en el Museo Thyssen de Madrid, se exhibía un estudio pormenorizado de sus obras que revelaba el secreto que se esconde detrás de la incomparable belleza de sus panoramas. Al mostrar simultáneamente sus paisajes y las fotografías tomadas desde el punto de vista elegido por el artista, se podía advertir que en muchas de sus obras alteraba la perspectiva con una libertad desconocida en esa época. De este modo, ampliaba el campo de visión del espectador, elevaba los puentes o los edificios, como lo hizo con la conocida torre de la Plaza San Marcos, para lograr un efecto monumental que en la realidad no posee.
Si bien en un principio El Canaletto trabajaba directamente en el lugar, copiando el modelo, luego abandonó esta práctica y se sirvió de bocetos previos que, por lo visto, alteraba a su gusto y parecer, del mismo modo en que actúa la memoria. Sus cuadros adquirieron así una condición atemporal, esa misma cualidad que seduce a Borges cuando dice que «Venecia es un crepúsculo delicado y eterno, sin antes ni después». Porque, justamente, otra de las virtudes del pintor es la variada luminosidad de sus vistas. En el caso de estos cuadros, la atmósfera húmeda y dorada de la obra que bien vale los 20 millones que pagaron por él; luego, el dramático contraste de luces y sombras al caer la tarde, de la magnífica vedette que se vendió en 32,5 millones de dólares.




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