Al menos 46 personas murieron en Saná, capital de Yemen, por disparos de armas de fuego contra manifestantes que reclaman la salida del presidente Alí Abdalá Saleh, al tiempo que Washington condenó la represión.
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Se trató de la jornada más sangrienta desde el comienzo de las manifestaciones contra Saleh, de 68 años, a finales de enero. Hasta ahora, el mandatario se había beneficiado del apoyo de Estados Unidos, que lo considera un aliado en la lucha contra los seguidores de Osama bin Laden en la península arábiga.
El presidente yemení, quien dijo "lamentar" la muerte de manifestantes, a los que consideró "mártires de la democracia", decretó el estado de emergencia en el país. "El Consejo de Defensa Nacional proclama el estado de emergencia en el país", anunció a la prensa Saleh, quien preside esa instancia gubernamental.
Esta medida se adoptó poco después de que partidarios del régimen dispararan con armas de fuego contra manifestantes en Saná cuando exigían su salida del poder, que ostenta desde hace 32 años.
Según testigos, los partidarios del régimen abrieron fuego sobre miles de manifestantes desde los tejados de edificios próximos a la Plaza de la Universidad, donde se lleva a cabo una sentada desde el 21 de febrero en demanda de la salida de Saleh del poder.
El ministro de Turismo yemenita, Nabil al-Faqih, anunció su dimisión en protesta por "el uso injustificado de la fuerza". Poco después de estos episodios sangrientos, el presidente estadounidense, Barack Obama, exhortó a permitir las manifestaciones pacíficas de la oposición. "Condeno firmemente la violencia que se produjo hoy en Yemen", declaró Obama en un comunicado.
La oposición acusó al régimen de haber cometido "una masacre". "Esta matanza no contribuirá a mantener a Alí Abdalá Saleh en el poder", afirmó en una declaración a la cadena al Arabiya el portavoz de la oposición parlamentaria, Mohamed al Sabri.
Miles de personas acampan desde el 21 de febrero en la Plaza de la Universidad, en Saná, exigiendo la partida de Saleh, y ya han sido blanco de repetidos ataques de la policía y de partidarios del jefe de Estado.
• La situación en Baréin
La situación también es tensa en Baréin, donde miles de manifestantes chiitas gritaban consignas antigubernamentales cerca de Manama después de la oración del viernes, pese a que las autoridades de prohibieron las concentraciones.
Las protestas, en la ciudad de Diraz, a las puertas de la capital bareiní, se producen un día después de que la oposición llamara a la población a proseguir la rebelión con cencentraciones en los lugares de culto más que en las calles.
Las fuerzas de seguridad se mantuvieron al margen de las concentraciones. La represión contra la dinastía sunita de los Al Jalifa causó esta semana al menos ocho muertos: cuatro manifestantes y cuatro policías.
"Estamos dispuestos a sacrificar nuestra sangre y nuestra alma por Baréin", gritaban los manifestantes.
Las autoridades de Baréin decretaron el estado de excepción, que prohíbe la concentración de personas, tras semanas de agitación dentro del pequeño reino, donde tiene su base la Quinta Flota de Estados Unidos. La oposición en Baréin, con mayoría chita, exigió reformas políticas para lograr una mayor participación en el régimen dirigido desde hace más de 200 años por una dinastía sunita.
El ministro de Asuntos Exteriores del reino de Baréin, jeque Jaled bin Ahmed al Jalifa, dijo que las fuerzas del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) Pérsico han entrado en su país sólo para proteger las instituciones vitales.
"Las tropas del CCG no se han enfrentado con la población ya que sólo protegen las instalaciones vitales y estratégicas de Baréin", subrayó el jefe de la diplomacia bareiní en una rueda de prensa en la capital de ese país, Manama, transmitida por la televisión local.
Al ser preguntado sobre si el Gobierno de su país todavía está dispuesto a dialogar con la oposición, Al Jalifa respondió que el Ejecutivo "está comprometido con el diálogo, pero la recuperación del orden y las seguridad son ahora la primera prioridad".