Como cada 7 de agosto, los fieles se acercaron para venerar a San Cayetano.
Miles de fieles desfilaron desde el primer minuto del día por el santuario de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers, donde además de agradecer al Santo, renovaron su pedido de "pan y trabajo", en una demostración de fe inagotable.
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Como ocurre cada 7 de agosto, a las 0:00 de este viernes se abrieron las puertas del templo en Cuzco 150 y los devotos comenzaron ingresar con la esperanza de acceder hasta la figura del patrono del "Pan y del Trabajo".
Algunos de ellos acamparon durante varios días frente a la iglesia y en una fría madrugada porteña la primera persona que entró para rendir tributo al Santo fue una mujer que se acercó de rodillas hasta figura de San Cayetano, en un ritual emulado por decenas de fieles.
Desde entonces, a cada hora se celebró una misa aunque se esperaba con especial interés la homilía que ofreció alrededor de las 11:00 el Arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, que lanzó otra fuerte advertencia sobre la pobreza a las autoridades nacionales.
En sintonía con las recientes palabras del Papa Benedicto XVI, Bergoglio afirmó que en el país se viven "situaciones de pobreza escandalosa" y consideró que las personas de esa condición son tratadas como "material de descarte".
"Vivimos situaciones de pobreza escandalosa, de enfermedades, de trabajo y todo nos lleva a una falta de justicia (...) Es una injusticia que en nuestra patria bendita a tantos les falte el trabajo y el pan", remarcó.
La expectativa de los peregrinos que se acercan al santuario con estampitas en mano creció a cada minuto y, pasadas las 7:00, la fila de personas que espera por acceder a la iglesia superaba las seis cuadras, en una mañana en la que el clima no ayudaba para nada a los devotos.
Más tarde, la fila llegó a los 800 metros de extensión.
Pese al frío -durante la madrugada la temperatura no superó los 7 grados- la gente aguardó en la calle su momento para entrar a la iglesia e incluso hubo casos de personas que permanecieron varios días aguardando en la puerta, en busca de ser los primeros en tener ese privilegio.
Según los peregrinos, fue la fe la que los mantuvo "firmes y con fuerzas" durante tanto tiempo a pesar del frío y las carencias en el improvisado campamento.
En general, las personas que concurren a San Cayetano piden por trabajo, salud y vivienda y también están quienes agradecen al santo.
Según fuentes policiales, que custodian el lugar, la cantidad de fieles de San Cayetano registra una "merma" cada año, aunque no vincularon esto con una disminución de la fe.
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