El custodio del edificio de departamentos donde vive la periodista Malu Kikuchi fue secuestrado y amenazado presuntamente por quienes el domingo lo golpearon mientras le preguntaban por «la periodista», y aprovecharon para desvalijar un departamento de la planta baja. El ministro del Interior, Aníbal Fernández, ordenó al jefe de la Policía Federal, comisario general Néstor Vallecas, que provea seguridad y de custodia a Kikuchi, en tanto la Comisaría 17ª lleva adelante la investigación. Augusto Bongiovani trabaja como custodio en una empresa de seguridad. El domingo, en el edificio de Junín y Juncal, jurisdicción de la Comisaría 17ª cuyo jefe es el comisario Ricardo Raúl Pedace, ocho personas -dos quedaron en un auto y seis entraron-, a cara descubierta y armados, encañonaron al custodio y le preguntaron: «¿Dónde vive la periodista?». Bongiovani fue golpeado por los vándalos, quienes, de paso, asaltaron un departamento de la planta baja donde robaron una computadora portátil.
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El lunes se radicó la denuncia, donde el custodio debió dar su domicilio real y mirar un álbum de fotografías por más de cuatro horas, al tiempo que intentaban armar un identikit de los asaltantes, que habían actuado a cara descubierta convencidos de su impunidad.
El lunes a la mañana el ministro del Interior llamó a Malu Kikuchi a radio «Colonia» donde se emite su programa «Cuento chino». El funcionario le dijo a la periodista, que se caracteriza por hacer algunas críticas a la gestión oficial: «¿Usted no pensará que el gobierno tiene algo que ver, me imagino?». La respuesta de Kikuchi fue la que sigue: «Que ocurra una cosa así diez días antes de las elecciones me parece de una torpeza inconcebible y por eso me provoca dudas. Si hubiera sido diez días después, no tendría ninguna duda».
Ayer a la mañana, cuando Bongiovanisalía de su domicilio, en el norte del Gran Buenos Aires, advirtió que un Ford Falcon blanco, sin patente, lo seguía y lo alcanzaba. Lo obligaron a meterse adentro, lo amenazaron -«¿teacordás de Juan Castro?; vas a terminar igual», le dijeron- para que no reconozca a nadie y lo largaron.
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