Qué es el Síndrome de Ulises, que afecta a los migrantes

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Abandonar el país de origen forzadamente genera un duelo en las personas. De qué se tratan estas reacciones que afectan a los migrantes.

Aquel que se ve obligado a irse a vivir a otro país suele pasar por varios duelos, y en ciertas condiciones pueden desencadenar específicamente al Síndrome de Ulises.

Según informó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 2020, en el mundo hay alrededor de 281 millones de migrantes, lo que significa el 3,6 % de la población.

Por supuesto, hay quienes emigran porque así lo desean, pero también quienes se ven obligados a ello, y hasta finales de 2019, en este último ítem eran más de 79,5 millones.

El psiquiatra español Joseba Achotegui refirió que muchos migrantes forzados se mostraban "indefensos, asustados, sin poder salir adelante, bajo un cuadro profundo de estrés", lo que calificó como Síndrome de Ulises.

Este síndrome, remarca el especialista, "deja al migrante, de nuevo, en la frontera, pero esta vez entre la salud mental y el trastorno".

Qué es el duelo migratorio

Se especificó que el "duelo migratorio" está asociado a este gran cambio en la vida de una persona, pero tiene características que lo hacen especial, ya que es “parcial, recurrente y múltiple”.

Parcial: porque no es una pérdida total como ocurre con la muerte de alguien.

Recurrente: porque con cualquier viaje, comunicación con el país o echar un simple vistazo a una fotografía en Instagram puede reabrirse.

Múltiple: porque no es solo una cosa la que se pierde, sino muchas.

Además, hay diversas pérdidas, y la más evidente suele ser la pérdida de la familia y los seres queridos, aunque también está la pérdida de estatus social.

Otro duelo que el migrante pasa es el de la pérdida de la tierra, como extrañar un paisaje montañoso o los días llenos de sol.

Se suma el duelo del idioma, que será más fuerte en la medida en que se migre a un país con otra lengua.

Por último, está la pérdida de los códigos culturales, que puede significar algo tan sencillo como no tener con quién compartir un mate.

Y, asociado a esto, y como último duelo, está la pérdida de contacto con el grupo de pertenencia, con aquellos con quien podemos hablar en los mismos códigos, que entenderán nuestros modismos y forma de ver la vida.

El síndrome de Ulises es cuando, además de tener que pasar estos siete duelos normales para un migrante, “se hace en condiciones difíciles”, analiza el psiquiatra español.

“Cuando hay dificultades o se rechaza a la persona en la sociedad de acogida puede darse este síndrome”, se señala.

No es lo mismo llegar a un país nuevo con un trabajo ya estable, que sin nada firme; tener o no un techo y comida asegurados, entrar con visa o con un estatus legal por definir. Tener o no ciertas condiciones suma puntos y estrés.

“El rechazo que puede tener más impacto es no tener papeles o no poder acceder a determinados recursos”, dice el psicólogo. A su vez, Achotegui explica que esta situación hace que los migrantes no puedan salir adelante y genera tensión y problemas de supervivencia, otro detonante más.

Al cóctel puede sumarse el no tener personas a nuestro alrededor que nos brinden apoyo, no solo material (donde vivir, comer, dormir), sino también emocional.

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