Un puente en construcción en el parque arqueológico de Machu Picchu es la manzana de la discordia entre autoridades de Cusco (sudeste de Perú) por el impacto que provocaría y que daría lugar a que la Unesco declare a ese santuario como patrimonio cultural en peligro.
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El puente se edifica a unos ocho kilómetros del complejo arqueológico de Machu Picchu, la máxima atracción turística de Perú enclavada en la ceja de selva de Cusco, antigua capital del imperio de los Incas.
"Debido a ese puente existe el peligro de que la Unesco pueda declarar al complejo como patrimonio cultural en peligro", dijo este lunes a la AFP el arqueólogo Fernando Astete, jefe del Parque Arqueológico de Machu Picchu.
Ello implicaría el retiro del santuario incaico de la lista de patrimonios mundiales de la humanidad, lo que significaría un duro golpe a la actividad turística en Perú.
La Unesco remitió en junio una carta al Instituto Nacional de Cultura (INC) de Perú en la que expresa su preocupación por la construcción de la obra que puede generar "nuevos núcleos de poblamiento que lejos de aminorar el deterioro ya evidente" en la zona de Machu Picchu "contribuirían a multiplicarlo".
La carta, firmada por Francesco Bandarín, director del Centro del Patrimonio Mundial de la Unesco, pide trabajar en forma coordinada con la Unesco a fin de "formular cuántas soluciones sean factibles para mejorar de forma urgente la débil situación institucional en que se encuentra el santuario".
La estructura, cuya construcción ahora está paralizada por orden judicial, se ubica en la zona de Carrilluyachoc, a 8 km de Aguas Calientes, poblado que está al pie de la montaña en cuya cumbre se encuentra la fortaleza de piedra de Machu Picchu.
Su construcción es impulsada por el distrito de Santa Teresa, aledaño al de Machu Picchu, con respaldo de autoridades de la provincia de La Convención y del gobierno regional de Cusco porque -se asegura- es necesario para dar salida a los productos agrícolas de la región.
Pero se oponen el INC, el Instituto Nacional de Recursos Naturales (Inrena) y el ministerio de Turismo, respaldados por la Unesco, que argumentan que el puente se construye sin contar con las autorizaciones respectivas y sin un estudio de impacto ambiental.
El problema es que Carrilluyachoc está en la "zona de amortiguamiento" de Machu Picchu, una zona intangible donde no se pueden hacer construcciones si es que no hay un estudio previo de las autoridades culturales y de recursos naturales.
Para la ciudadela de piedra el poblado Aguas Calientes ya es un serio problema por su crecimiento desordenado, registrado en los últimos años, y por la presencia de numerosos turistas.
De concluirse el puente, podrían surgir poblados similares cercanos que en menos de dos años pondrían en grave riesgo la capacidad del complejo arqueológico y el delicado sistema ecológico de la región que las autoridades tratan de preservar a toda costa.
Los promotores del puente han advertido que persistirán en su meta de terminar con el puente y han acuñado el lema: "puente o muerte, venceremos".
Las autoridades culturales han advertido que los promotores de la obra pueden recibir una sanción de diez años de cárcel por atentar contra el patrimonio cultural del país, según lo tipifican las leyes peruanas.
Entre tanto, un juez del Cusco decidió enviar un contingente de veinte policías para evitar que se reanuden los trabajos del polémico puente sobre el río Urubamba.
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