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3 de julio 2026 - 14:10

Por qué tenemos cábalas: el origen y la explicación psicológica de un ritual que marca cada Mundial

Las supersticiones ya son una tradición en cada competencia deportiva, sobre todo futbolística. Pero cuando se trata de una Copa del Mundo, parecen potenciarse.

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Las cábalas son una tradición en Argentina.

Ámbito

Cada vez que juega la Selección argentina en un Mundial, millones de personas repiten acciones que racionalmente no modifican el resultado, pero emocionalmente parecen imprescindibles. Usar la misma camiseta, sentarse en el mismo lugar, reunirse con las mismas personas o guardar un papelito en el freezer forman parte de un lenguaje compartido que vuelve a activarse con fuerza en cada competencia futbolera, y el Mundial 2026 no es la excepción.

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Las cábalas aparecen como una marca registrada del fútbol argentino, pero también como una forma de atravesar la incertidumbre. Nadie puede influir desde el sillón en un tiro al arco, una atajada o un fallo arbitral. Sin embargo, repetir un ritual permite sentir que algo, aunque sea mínimo y simbólico, queda bajo control.

De la Cábala religiosa a la cábala futbolera

El origen de la palabra cábala está vinculado a la tradición mística judía. Literalmente significa “tradición” o “recepción”, y se utilizó para denominar enseñanzas esotéricas del judaísmo medieval, desarrolladas especialmente en la Provenza y Cataluña desde el siglo XII.

Esa Cábala estudió el funcionamiento del universo, el alma humana, los equilibrios espirituales y los sentidos ocultos de las letras hebreas y los números. En hebreo, “lecabel” remite a saber recibir un conocimiento.

Con el tiempo, en el uso cotidiano argentino, el término se desplazó hacia otra cosa: rituales, costumbres y supersticiones que prometen buena suerte o evitan la mala. En el fútbol, esa transformación encontró un terreno perfecto.

Hasta los mejores de la historia apelan a las cábalas.

La necesidad de atribuir sentido

El psicólogo conductista Ignacio Suárez explicó en diálogo con Ámbito que el origen de las cábalas puede pensarse desde una raíz mucho más antigua que el deporte: "Literalmente yo te diría que el origen de las cábalas es el origen del ser humano o hasta de la especie animal".

Según su análisis, una cábala consiste en atribuirle sentido a una acción que antecede a una consecuencia. “Poner un papelito de Mbappé en el freezer no afecta el rendimiento del jugador, pero crea una relación simbólica entre lo que se hace y lo que se desea que ocurra", señaló.

"Es decir, poner un papelito de Mbappé en el freezer, esa conducta, esa aparente causa, para uno generará que el rendimiento de Mbappé sea malo", explicó Suárez.

Esa asociación no tiene una relación causal real, pero sí una fuerza emocional. Para el especialista, la atribución de sentidos resultó fundamental para la supervivencia humana: frente a un ruido en la maleza, era más útil suponer que podía venir un león y escapar, antes que dudar y exponerse al peligro.

La ilusión de controlar el resultado

La función psicológica de la cábala se activa especialmente cuando una situación genera ansiedad. En un Mundial, el hincha desea un resultado, pero no puede intervenir. Entonces aparece el ritual.

"Si hay un partido de fútbol, en este caso, ya sea un espectador o futbolista, genera cierta ansiedad y la ansiedad en el cuerpo se percibe con incomodidad, ya que es una emoción desagradable", indicó Suárez.

La cábala, entonces, no modifica el partido, pero sí cambia el estado interno de quien la practica. "Si yo hago algo y eso me genera cierto alivio, porque supongo que conllevará a que X jugador lo haga muy mal, que un jugador rival lo haga muy mal, y en efecto que Argentina tenga más chances de ganar, entonces probablemente la cábala se hará", explicó.

En ese sentido, el objetivo no es tanto dominar la realidad como disminuir el malestar. La cábala funciona porque genera alivio, confianza o una sensación de participación.

"La conducta de la superstición o de la cábala es completamente funcional, porque la consecuencia es inmediatamente me siento un poquito mejor, más confiado, más seguro. Y a nivel deportista sucede un poco lo mismo", señaló Suárez.

El Mundial como ceremonia colectiva

En la Argentina, las cábalas mundialistas no son solamente individuales. Muchas se vuelven grupales, familiares o barriales. Hay casas donde no se cambia el lugar de nadie en el sillón, grupos que repiten menú, camisetas que no se lavan y personas que evitan nombrar ciertos resultados para no “mufar”.

El fenómeno crece porque el Mundial concentra emociones colectivas difíciles de igualar. Durante algunas semanas, una enorme cantidad de personas vive al mismo ritmo, donde espera, sufre, festeja y repite rituales.

Suárez sostuvo que una cábala “bien entendida” también puede aportar diversión y pertenencia. "A los fines del divertimiento suma, uno no solo se siente parte del triunfo, sino que también es como un momento grato con amigos, vos qué cábala tenés, qué hiciste, cómo participaste", afirmó.

Por eso, cuando la práctica se mantiene dentro del juego compartido, no necesariamente implica un problema. Puede ser una forma simbólica de sentirse parte de algo más grande.

Bilardo, Kiricocho y la tradición argentina

Si hay una figura que sintetizó la relación entre fútbol argentino y cábala fue Carlos Salvador Bilardo. Campeón del mundo en 1986, médico, entrenador y personaje central de la cultura futbolera nacional, convirtió sus supersticiones en parte del folklore, incluso llamándolas "costumbres".

Bilardo fue uno de los impulsores de las cábalas.

Una de las historias más famosas fue la de Juan Carlos “Kiricocho”, hincha de Estudiantes de La Plata al que se le atribuía mala suerte. Según la leyenda, cada vez que aparecía en un entrenamiento del club platense, alguien se lesionaba. Bilardo, lejos de apartarlo, decidió enviarlo a recibir rivales.

Con los años, “Kiricocho” se volvió una palabra global del fútbol. El periodista y escritor Andrés Burgo contó que “primero Maradona y Simeone lo llevaron al Sevilla y, a partir de ahí se fue diseminando”. Hoy se escucha en torneos europeos, desde la Champions League hasta la Eurocopa.

Para Suárez, Bilardo marcó un punto de inflexión en la cultura cabulera argentina. "Para mí, un punto de inflexión es eso, haber salido campeones del mundo, con el entrenador más personaje y cabulero del mundo, probablemente conllevó a la amplificación de esa superstición generalizada y cabulera que se vive acá, en la Argentina", sostuvo.

La diferencia entre una cábala y una rutina

No toda repetición es necesariamente una cábala. Suárez distinguió entre superstición y rutina. Una rutina ordena la conducta y ayuda a concentrarse, pero no implica creer que el resultado depende mágicamente de ese gesto.

El ejemplo, marca el licenciado en psicología, aparece en deportistas como Cristiano Ronaldo que antes de patear un tiro libre repite pasos, respiración, postura y movimientos. Eso puede funcionar como una rutina pre-ejecución: ayuda a mantener el foco y evitar pensamientos distractivos.

La diferencia está en la creencia. Si una persona sabe que puede rendir bien aunque no complete el ritual, se trata de una herramienta de concentración. Pero si cree que sin ese gesto todo saldrá mal, la práctica puede volverse una fuente de angustia.

El psicólogo ejemplificó con un jugador que utiliza siempre una pulserita roja, popularmente conocida por una supuesta utilidad para repeler la envidia. Entonces conjetura que este deportista "una vez se le olvida o se la tiran sin querer a la basura y se da cuenta cuando arranca el partido".

"Si el futbolista supone que su rendimiento depende de ella, y si era una superstición esa cintita roja, probablemente la pase muy mal y empiece a pensar que se va a equivocar", explicó Suárez. En ese caso, la falla no proviene de la ausencia de la cábala, sino de la desconcentración que provoca creer demasiado en ella.

Cuándo ayudan y cuándo pueden complicar

Las cábalas pueden ser positivas cuando alivian ansiedad, generan pertenencia y se viven como parte del juego. En cambio, pueden volverse problemáticas si producen sufrimiento, conflictos o una sensación de obligación.

Paredes, De Paul, y la cábala de los caramelos.

"Tienen un vínculo con darnos seguridad en aquellas cosas que no podemos controlar. Y no sólo diría con darnos seguridad sino también hasta con darnos menos inseguridad", explicó Suárez.

La clave está en cómo cada persona interpreta su propio ritual. Si entiende que la cábala no define el resultado, puede disfrutarla. Pero si siente que no cumplirla traerá una consecuencia negativa inevitable, la práctica deja de ser juego y empieza a generar malestar.

En ese punto, la cábala revela una tensión profundamente humana, donde sabemos que no controlamos lo que ocurre, pero necesitamos hacer algo para soportar esa falta de control.

En el Mundial 2026, las cábalas vuelven a aparecer como parte del paisaje futbolero argentino. Algunas son viejas, heredadas de familia; otras nacen en redes sociales y se vuelven virales. Algunas son íntimas y otras colectivas.

Todas, sin embargo, cumplen una función similar, que es la de ordenar la ansiedad, transformar la espera en acción y convertir al hincha en supuesto participante de un resultado que se decide lejos de él.

Quizás por eso sobreviven generación tras generación. Porque más allá de la razón, el fútbol se vive con deseo, miedo, ilusión, incertidumbre y en comunidad. Y en ese terreno, una camiseta repetida, un lugar fijo en el sillón o un rival en el freezer pueden no cambiar el partido, pero sí cambiar la manera de atravesarlo.

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