17 de agosto 2026 - 14:22

Engañaron al primer ministro de Reino Unido, Andy Burnham: intercambió mensajes con una mujer que dijo ser asistente de Donald Trump

El primer ministro británico Andy Burnham intercambió mensajes con una persona que se hizo pasar por Susie Wiles, jefa de gabinete de Donald Trump. El caso encendió alertas de seguridad diplomática.

El primer ministro británico Andy Burnham

El primer ministro británico Andy Burnham

EFE

El primer ministro británico, Andy Burnham, quedó envuelto en un incidente de seguridad luego de intercambiar mensajes con una persona que se hizo pasar por Susie Wiles, jefa de gabinete de Donald Trump en la Casa Blanca. El caso fue revelado por medios internacionales y expuso una nueva señal de vulnerabilidad en las comunicaciones diplomáticas entre altos funcionarios de Reino Unido y Estados Unidos.

Según informó Politico, citado por AFP, Burnham envió “varios mensajes” a través de un canal de comunicación no especificado antes de advertir que el contacto podía ser sospechoso. El episodio fue considerado lo suficientemente preocupante como para que la embajada británica en Washington abordara la situación con la Casa Blanca.

El gobierno británico evitó dar detalles sobre el alcance del intercambio. “No hacemos comentarios sobre cuestiones relacionadas con la seguridad nacional”, respondió un vocero del primer ministro, sin desmentir que los mensajes hubieran existido.

Una falsa Susie Wiles y una alerta diplomática

La persona que contactó a Burnham se presentó como Susie Wiles, una de las figuras centrales del gobierno de Trump. La funcionaria ocupa la jefatura de gabinete de la Casa Blanca, un cargo clave para la coordinación política y operativa de la administración estadounidense.

El hecho de que el contacto falso apuntara a un canal directo con el primer ministro británico elevó la sensibilidad del caso. En este tipo de maniobras, la suplantación de identidad puede tener distintos objetivos: obtener información reservada, instalar conversaciones manipuladas, inducir decisiones políticas o generar material que luego pueda ser utilizado con fines de presión o desinformación.

Por ahora, no se informó qué contenido tuvieron los mensajes ni si se compartió información sensible durante el intercambio. Tampoco se precisó si el canal utilizado fue una aplicación de mensajería, correo electrónico u otro sistema de comunicación.

Antecedentes de engaños a funcionarios británicos

Burnham no es el primer dirigente británico de alto nivel que cae en una maniobra de este tipo. En 2024, el gobierno del Reino Unido hizo público el video de una llamada telefónica en la que David Cameron, entonces ministro de Relaciones Exteriores, fue engañado por una persona que se hacía pasar por el expresidente ucraniano Petro Poroshenko.

En aquella oportunidad, el Foreign Office explicó que decidió difundir el incidente para evitar que los autores de la operación pudieran manipular las imágenes. El gobierno británico señaló entonces que consideraba que los responsables eran “claramente rusos”.

El nuevo episodio confirma que las operaciones de engaño político siguen siendo una amenaza para gobiernos y cancillerías. A diferencia de un ciberataque tradicional, estas maniobras no siempre requieren vulnerar sistemas informáticos: muchas veces dependen de la construcción de confianza, la urgencia del contacto y el uso de identidades creíbles.

La seguridad de las comunicaciones bajo presión

El caso también aparece después de otras alertas vinculadas con Wiles. En mayo de 2025, The Wall Street Journal y la BBC habían informado que el FBI abrió una investigación por intentos de piratear el teléfono de la jefa de gabinete de la Casa Blanca.

Ese antecedente vuelve más sensible cualquier intento de utilizar su identidad para contactar a funcionarios extranjeros. En las relaciones diplomáticas de alto nivel, una cuenta comprometida, un número falso o un perfil apócrifo pueden abrir la puerta a errores con impacto político.

El incidente no derivó, al menos públicamente, en una crisis entre Londres y Washington. Sin embargo, obligó a activar canales oficiales entre la embajada británica y la Casa Blanca, y dejó expuesta la necesidad de reforzar los protocolos de verificación en comunicaciones entre gobiernos aliados.

Para el Reino Unido, el episodio suma presión sobre los sistemas de seguridad institucional. Para Estados Unidos, vuelve a poner el foco sobre la protección de las identidades digitales de funcionarios clave de la administración Trump.

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