Camisita arrugada y amplios lentes de sol simulando que no se ha maquillado, salió deprisa porque la situación lo requería. Así se la vio a Cristina en el helicóptero al que se subió para ver los incendios en el Delta; no es cuestión de contrastar la desgracia con la frivolidad. Un look casual, dicen las revistas que ilustran sobre modas, pero un look al fin en el que nada queda al azar. Hasta combinó un bolso grande de cuero con la ropa y ni siquiera abandonó el taco alto y, mucho menos, las alhajas: imposible parece para la Presidente no tomar algo del joyero antes de salir a escena. Da lo mismo campo que visitas distinguidas, helicópteros que aterrizaje vip en Francia, para el uso de esos accesorios. Si hasta se pone tobilleras, como las teenagers.
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En ese aspecto tan caro a su presentación, interesa la opinión de un experto, el orfebre Marcelo Toledo. «Elige casi siempre -dice-bijou de oro amarillo porque el reloj que usa es de ese material. Siempre tuvo la ambición presidencial, porque el Rolex Presidente lo tiene desde varios años antes de asumir como tal», interpreta con cierta audacia sobre las pretensiones de ella hace más de una década. Toda una simbología.
El clásico mandato de las joyas de la abuela no funciona para Cristina. Tiene para lucir gargantillas barrocas o art nouveau: no son reliquias históricas, todo lo contrario; están diseñadas especialmente para ella por exclusivas casas de Europa.
«Le gusta adornarse, siempre con collares, aros y anillos. Esto le da un toque femenino a su apariencia. Los accesorios siempre le dan brillo al look y parece que la Presidente lo tiene en cuenta», opinó el experto. Aunque muchos especialistas insistan sobre su apariencia cargada, a Cristina pareciera no interesarle modificar ese estilo de «siempre lista para un cóctel». Una apariencia muy distinta a la que prefieren los protocolos europeos que sí militan, en cambio, la francesa Ségolène Royal y la reina Rania de Jordania.
Glamour
Y si de realeza se trata, el martes pasado hubo chispas de glamour en la Casa Rosada cuando la princesa de Holanda, Máxima Zorreguieta, se reunió con la Presidente. Fue un choque de brillos, pero se notó la diferencia. Máxima de traje con casaca de brocato, tela liviana, colores clásicos de la paleta marrón.
En cambio Cristina, casi como de costumbre, avanzó algo más. Las dos mujeres comparten el mismo gusto por los diseños en brocato y la indumentaria y accesorios de Chanel. Cuando se entrevistaron, la Presidente exhibió una tela de tinte oriental con estampado de dragones chinos en color natural sobre estruendoso fondo petróleo. Así lució el saco de seda, con escote in cuore; lo acompañó con una falda verde lima que, por su brillo, cambiaba de color de acuerdo con las luces y parecía amarilla limón por momentos. Una fuerte combinación, se diría. Acentuó el contraste con zapatos engamados y la gargantilla de destacado grosor que a simple vista parece una serpiente.
«Esta es la vestimenta que menos me gustó de la semana. Para recibir a la princesa de Holanda debería haber elegido un look menos llamativo, para no quitar la atención que la invitada merecía», dijo Toledo, halagando la fina delicadeza de Máxima.
Venía de otro itinerario por la moda. El domingo por la tarde, Cristina llegó a Quito con atuendo urbano, pantalones de botamanga amplia y camisa negra. Completó con un trench magenta y un pañuelo de seda en la garganta engamado. Los zapatos y el bolso -un exclusivo modelo de Chanel-, en negro y el cabello suelto. Al día siguiente, para reunirse con Correa, eligió un tailleur clásico color cemento con vistas blancas, que combinó con un top de satén que llevaba una guarda bordada en marfil a la altura de la cadera. Completó con stilettos engamados, un collar de perlas de cuatro vueltas y su broche con la imagen de la bandera argentina, que según Toledo «es parecido al que usaba Evita, aunque éste no pareciera ser de pedrería».
Destacado
Para la noche, vestido negro a la rodilla y un trench. Cortó el oscuro con los stilettos de gamuza beige y tacones aguja de madera. Otra vez apareció con la pulsera en el tobillo, que poco combinaba con la gargantilla de oro amarillo. «La cadena gruesa al cuello es un accesorio fino y exclusivo que le da brillo a esa vestimenta oscura», acotó el especialista en joyas.
El miércoles, otro vestido negro y una blusa de gasa mangas largas sobrepuesta, con bordados en plata en la delantera. Lo destacado fue el medallón de oro blanco y tiento de sobería. «Un modelo hecho a mano y muy de moda», dijo el experto.
Todo distinto de lo que se vio ayer en Misiones. Inspiradapor el color de las tierras de esa provincia, eligió un vestido de encaje mangas cortas en rojo carmesí, con un cinturón ancho de cuero gris que remarcaba el talle, y los zapatos y cartera del mismo tono.
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