Triple Frontera: acusaron de financiar al terrorismo

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Unos 20 millones de dólares por año se estarían enviando desde la Triple Frontera, un triángulo limítrofe entre las ciudades de Puerto de Iguazú (Argentina), Foz de Iguaçú (Brasil) y Ciudad del Este (Paraguay), hacia Medio Oriente para financiar las actividades terroristas de Hizbollah, considerada una de las organizaciones extremistas de mayor poder de fuego. Hizbollah, acusada de haber sido el brazo ejecutor de los atentados contra la Embajada de Israel y la AMIA en la Argentina, tuvo como base de operaciones hasta no hace mucho tiempo el Valle de El Beka'a en el Líbano, un lugar clave en el conflicto judíopalestino que controlaba el ejército de Siria.

El anuncio de la financiación hacia el terrorismo fue publicado por el diario «ABC Color» de Asunción del Paraguay, cuyo gobierno viene siendo seriamente cuestionado por la permisividad de todo tipo -desde lavado de dinero hasta contrabando de armas y drogas- que existe en Ciudad del Este, la principal de las tres ciudades y en la que viven unos 25.000 árabes. El matutino paraguayo basa su informe en fuentes antiterroristas y señala que «dichos fondos son obtenidos de aportes entregados por simpatizantes y fanáticos del extremismo islámico».

Las remesas de dinero desde la Triple Frontera hasta el Líbano se confunden en complejas transacciones bancarias que arrancan desde Buenos Aires o Montevideo, siguen hacia bancos de Estados Unidos -toda operación internacional en dólares necesariamente debe pasar por allí- para continuar por entidades de Suiza, Luxemburgo, Francia, Alemania y así llegar a Egipto o al mismo Líbano.

• Resistencia

Un ejemplo de ello, son las transferencias por 10 millones de dólares que realizó entre 2000 y 2001, el extremista Alí Dahroug Nizar, a un banco de Texas (EE.UU.) donde se depositaron en la cuenta de su tío, Muhamad Dahroug Dahroug. Curiosamente en Texas funciona Holy Land Foundation (Fundación Tierra Santa), que serviría como fachada para conseguir dinero para la causa árabe. Lo grave es que el nombre de Muhamad Dahroug apareció en la agenda de Abu Zudaidah, uno de los jefes más importantes de la organización terrorista Al-Qaeda.

El Mossad (Servicio de Inteligencia Exterior del gobierno israelí) mantiene una base en la Triple Frontera al igual que el FBI y la CIA norteamericano y los servicios secretos de los países del área. Este organismo, reputado como uno de los más eficaces en su tarea, da cuenta -también- sobre otras rutas del dinero que arrancan desde Brasil y pasan a Panamá para seguir luego el mismo o parecido itinerario que la descripción anterior. Lo cierto es que todos terminan en bancos de países árabes del Medio Oriente donde desaparecen sin dejar rastros.

Los árabes de la Triple Frontera Este se resisten a las acusaciones y sospechas de los países occidentales. El jeque
Taleb Jomha, imán (líder religioso) de la comunidad musulmana en Foz do Iguaçú acusa a Washington de inventar cargos: «Primero se dijo que había células terroristas que no se pudo probar, y ahora no tienen evidencia para acusarnos de ayuda financiera».

Sin embargo defiende al Hizbollah al negar que sea una organización terrorista. «Es un partido político con asiento en el Parlamento libanés», se enfervoriza. Lo que no dice es que el Hizbollah también tiene un brazo armado y que uno de los principales comerciantes de la región, el libanés Assad Barakat, tenía en su poder una carta de Hassan Nasrrallah, máximo líder del Hizbollah, agradeciendo su ayuda financiera.

En resumen
«la Triple Frontera es utilizada como un conducto financiero para el envío de fondos a Hamas y a Hizbollah». Así se lo expresó, sin diplomacia, el coordinador de la Oficina Antiterrorista del Departamento de Estado norteamericano, Joseph Cofer Black, al vicepresidente argentino, Daniel Scioli, en enero del año pasado durante un encuentro en la embajada norteamericana en Buenos Aires. En esa reunión, el funcionario agregó: «En la zona no quedan células dormidas ni está actuando Al-Qaeda (pero) hay que estar alertas sobre la vulnerabilidad de los sistemas financieros de la Argentina, Uruguay y Brasil».

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