Ninguna de las tres películas previas sobre el asesino profesional John Wick se caracterizaba por su moderación, pero este interminable Capitulo 4 se excede. Como en las anteriores, Keanu Reeves interpreta a este killer que mata docenas de villanos en una sola escena sin pestañear, siempre tratando de vengarse contra la sociedad secreta de sicarios llamada The High Table; esta vez el asunto es que por fin podría ser dejado en paz por esta mala gente para la que la idea del retiro voluntario parece ser inaceptable. Así es que después de una hora de proyección (la película dura, crease o no, 169 minutos) el espectador se entera de que estos iluminati del crimen internacional dejarán suelto a este espíritu libre solo si mantiene un duelo con un tipo horrible y malísimo interpretado por Bill Skarsgard, el payaso monstruoso de “It”. Pero, para llegar a enfrentarse con su gran rival, antes debe matar a otro montón de sujetos que aparecen sin pausa en ambientes sofistica-dos de un esnobismo insensato hasta la estupidez. Más o menos igual que en las películas anteriores, pero más tonto, caro y absurdo a niveles que podrían ser involuntariamente cómicos si no fuera porque las tonterías
se superan unas a otras generando una monotonía soporífera.

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