16 de mayo 2005 - 00:00

¿Ahora no al garantismo?

El Presidente que nombró una nueva Corte de Justicia con mayoría de garantistas -esa tendencia del penalismo que privilegia los derechos de los detenidos por sobre los de sus víctimas- se quejó durante el fin de semana del fallo que ordenó al libertad -hasta ahora no aceptada- del empresario Omar Chabán. Néstor Kirchner quebró su habitual silencio en reportajes y rechazó el sábado los «falsos garantismos» que fundamentaron la decisión que firma, entre otros, la camarista María de Rébori, que es auxiliar en la cátedra del máximo garantista en la Corte, Eugenio Zaffaroni, a quien algunos califican hasta de abolicionista. ¿Giro doctrinario del Presidente u oportunismo de plegarse a la opinión pública que repudió esa excarcelación, como antes rechazó medidas garantistas cuando se produjo esa otra conmoción que fue el caso Blumberg?

Eugenio Zaffaroni
Eugenio Zaffaroni
El defensor general de la Nación, Miguel Angel Romero, le presentará su renuncia al presidente Néstor Kirchner, acosado por un juicio político promovido desde el Congreso. Hasta la semana pasada, al gobierno le despreocupaba esa vacante. Ya no es así. Viró de criterio asustado por el fallo del Tribunal que liberó a María Julia Alsogaray y la sentencia de una Cámara que concedió la excarcelación de Omar Chabán, procesado por la muerte de 193 jóvenes.

Con estos antecedentes ha comenzado a estudiar con más cuidado el nombre del futuro sucesor de Romero. No quiere que le ocurra lo mismo que con la Corte Suprema, donde sólo tiene dos interlocutores: Juan Carlos Maqueda y Ricardo Lorenzetti.

Tardíamente, el gobierno entendió que los «buenos jueces» que colocó en la Justicia están provocando un giro en la doctrina hacia la permisividad que se contradice con la opinión pública. Los magistrados se han vuelto impredecibles dentro de la predictibilidad.

Se sabía que «garantistas» de la talla de Eugenio Zaffaroni o de CarmenArgibay iban a provocar ese cambio. El error del gobierno fue creer que podría controlarlos.

Encapsulados en su filosofía, los nuevos magistrados elaboran y contagian con fallos que son ensayos académicos que guardan una distancia enorme con la realidad.


Hoy existe una Corte Suprema que considera que los crímenes del Estado son de lesa humanidad, pero no lo son los cometidos por organizaciones terroristas, como sucedió cuando rechazó la extradición del integrante de la ETA Jesús Lariz Iriondo.

Es el propio tribunal el que se encarga de «bajar línea». Lo hace cuando jueces como Argibay esbozan la tesis de que «ningún procesado debe estar preso». Y se llama a flexibilizar el instituto de la prisión preventiva y a desagotar las cárceles.

El problema, como diría el legislador porteño
Jorge Enríquez, es que la Justicia se regodea en un sistema que va pasando del garantismo a ultranza al abolicionismo del sistema punitivo del Estado.

• Predecible

El fallo que favoreció al empresario Omar Chabán -que ahora se va a quedar en la cárcel para contribuir a la « pacificación del país» (ver aparte)- era predecible.

La camarista
María Laura Garrigós de Rébori es jefa de trabajos prácticos de Zaffaroni y comulga con Argibay en la Asociación de Mujeres Jueces de la Argentina. Mientras que el juez Gustavo Bruzzone gusta definirse como el sucesor de Zaffaroni. Además, del caso Chabán ambos votaron para liberar a Giselle Rímolo. Los dos fueron los que le reclamaron a Kirchner que vete la ley que fijó 50 años de tope para condenas por sumatoria de delitos que impulsó el ingeniero Juan Carlos Blumberg. Los dos fueron designados como camaristas por el gobierno hace siete meses. O sea, el gobierno sabía quiénes eran. ¿Debió sorprender el fallo de Chabán?

Resulta, ahora, que el mismo Presidente dice que «no se puede fallar con falsos garantismos» y considera como un « cachetazo vergonzante a la sociedad» la resolución favorable al dueño de República de Cromañón. Una postura parecida a la que asumió Chiche Duhalde, que teme que en esos fallos «haya mucho de garantismo y mucho de corrupción».

Otro tanto puede decirse de Cristina Fernández de Kirchner quien parece haber plagiado al diputado Jorge Casanovas cuando afirma que «no es un problema de jueces garantistas o de mano dura, sino de jueces que tienen que aplicar la ley con sentido común». Ese fue el argumento con el que Casanovas motorizó el juicio político de Rébori y Bruzzone el mismo día que se pronunciaron por la excarcelación de Chabán.

El viernes comenzó a rodar el rum-rum de la renuncia del defensor de la Nación. Los hombres del gobierno entendieron que no podían desatender esa silla. Después de todo, no es un minucia.
La Defensoría concentra 80% de los expedientes de militares, cuyos procesos fueron reabiertos con la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Pero, además, está la defensa de la ingeniera Alsogaray, cuya única condena será definida en la Cámara de Casación a fines de mes. Ese tribunal, además de confirmar o revocar la condena de la ex funcionaria, va a pronunciarse sobre la constitucionalidad de la ley secreta 18.302. No es un detalle.

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