El ex ministro Rodolfo Barra apareció ayer en la residencia de Don Torcuato adonde permanece detenido Carlos Menem para informarle del resultado de una misión discretísima que cumplió durante el fin de semana en el Vaticano. Aprovechando una invitación de la Corte dei Conti (homólogo italiano de los tribunales de cuentas) para dictar una conferencia, hizo una exposición reservada y personal sobre la situación del ex presidente ante un grupo de cardenales con destino en el entorno papal.
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Esta tarea, acerca de la cual informó ayer al ex presidente, satisface una de las principales preocupaciones de Menem, que es la repercusión internacional de su detención por el juez Jorge Urso, que investiga el caso de las armas. Ante muchos de sus visitantes Menem ha manifestado su pesar por los efectos sobre su imagen de esa medida. No quiere, y es comprensible, que su perfil de gobernante estrella ante muchos sectores del extranjero se transforme sin remedio en el de otro ex gobernante en dificultades penales.
Nunca se sabrá si la misión vaticana la reclamó el ex presidente o la emprendió por las suyas Barra, un hombre conocido en la sede papal por su trayectoria y por sus ideas. Parecía, sin embargo, imprescindible porque el Vaticano se ha convertido para Menem en tierra ajena desde que el ex embajador en aquella sede, el hoy ruckaufista Esteban Caselli, se ha convertido en un duro adversario de quien fuera su jefe durante diez años.
«Pinche»
Caselli confirmó ante la Justicia dichos del ex titular de Fabricaciones Militares, el riojano Luis Sarlenga, sobre la conducta del ex presidente en esta investigación. Como respuesta, Menem calificó a Caselli, hoy secretario general de la Gobernación de Ruckauf, de «pinche de décima».
El ex embajador probó en varias circunstancias su dominio de la corte vaticana para operaciones políticas y también pastorales y es comprensible que a Menem le convenía que los cardenales escuchasen también su versión, en el entendimiento de que ellos ya deben tener la de Caselli desde hace rato. Barra se negó ayer a dar detalle alguno sobre su misión vaticana pero sí desmintió que hubiera intención alguna por parte de Menem -que fue designado por Juan Pablo II como embajador para promover la vida desde el momento de la concepción-de promover alguna gestión por parte del propio Papa.
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