19 de noviembre 2003 - 00:00

Demora más la Corte nulidad de las leyes de punto final

Si se aplicaran las reglas de la hermenéutica (basada en el contexto, el ambiente y el idioma) se debería, entonces, afirmar sin riesgo de fallar que el juez supremo Enrique Petracchi adelantó ayer con precisión, que la posición de la nueva Corte Suprema de Justicia es declarar inconstitucional las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

Los fundamentos de esta postura hay que ubicarlos en las expresiones de Petracchi: «el fallo sobre las leyes del perdón aún no salió porque no hay consenso entre los ministros para dictaminar sobre el tema. De todas maneras, hay indicios de lo que opina la Corte, aunque habrá que ver qué sucede con los nuevos integrantes; piensen en el fallo sobre Videla y el caso Hagelin».

Interpretar es intentar pues descubrir, en lo posible, el sentido original del mensaje en el idioma original. Se logra analizando las palabras que se empleó en su idioma para comunicar un mensaje. Se trata de ubicar bien el pensamiento central del emisor para tener una mejor idea del significado de sus palabras.Tanto en el fallo de Hagelin como en Videla, la Corte mostró su oposición a la validez de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Seis jueces votaron contra el militar. Siete a favor de reabrir la causa Hagelin que significa volver a investigar al ex marino Alfredo Astiz, principal sospechoso del secuestro de la joven sueco-argentina.

En 1986, previo al Pacto de Olivos que abrió paso a la reforma constitucional, Petracchi, Carlos Fayt y Augusto Belluscio votaron a favor de la constitucionalidad de las leyes del perdón aprobadas por el Congreso de la era Alfonsín y que fueron declaradas nulas este año por el Congreso de la era Kirchner. Pero, ahora, los supremos creen que hubo un significativo avance en el derecho internacional y que esas leyes no merecen permanecer en vigencia. Por eso, están dispuestos a cambiar de parecer cuando el tema llegue a la Corte.

• Mayoría necesaria

Petracchi, Fayt, Belluscio (el trío histórico) podría enrolar en este camino a Eugenio Zaffaroni, Juan Carlos Maqueda y el ahora incondicional Antonio Boggiano. Es decir, tendría la mayoría necesaria para derribar de una vez por todas las leyes del perdón. Por lo tanto, no necesita del voto de los nuevos integrantes.

«Hay quienes entienden que ya hay cosa juzgada y quienes opinan que no, y ninguna de esas posturas logra reunir cinco votos»,
dijo ayer Petracchi en su primer acercamiento con los periodistas como flamante presidente de la Corte Suprema.

Traduciendo a
Petracchi; habría que afirmar que esa postura imperó en la «vieja Corte», la que entonces integraban Julio Nazareno, Eduardo Moliné O'Connor, Guillermo López, Adolfo Vázquez. Es casi seguro que ninguno de ellos estará (de hecho varios ya no están), cuando la validez de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final salgan de la Cámara Nacional de Casación con destino final a la Corte. Cuando eso ocurra también se habrá ido del Tribunal el mismo Fayt.

Esta es una de las lecturas importantes de lo que ayer
Petracchi se encargó de destacar. La otra está en el contenido de dos detalles que orientan el perfil que tendrá la «nueva Corte».

Recién asumido,
Petracchi recibió un llamado de felicitaciones de Néstor Kirchner. No se sabe que haya hablado el Presidente antes con algún juez de la Corte. Tampoco se sabe que lo haya hecho Eduardo Duhalde. Así se dedicó a ratificar su «simpatía» por el justicialismo: «Es ostensible, y una de las razones por las que me atrajo siempre es la preocupación por la justicia social, pero también soy un liberal, lo cual no es contradictorio».

Lo admitió y se apresuró en destacar que la Corte se esté renovando de manera favorable al gobierno.

«Eso está en la calle, pero la presencia de Zaffaroni es una señal completamente opuesta.
«A sus 63 años no le van a venir a torcer el brazo», resaltó Petracchi sobre Zaffaroni, al ponderar la «independencia y el prestigio académico» del penalista recién llegado al Tribunal.

Qué podría decir
Petracchi sobre quien es uno de sus amigos, y con el cual tiene afinidades hasta ideológicas y quien -se supone- hasta le tendió un puente al gobierno para proponerlo como «el mejor candidato» para presidir la Corte en la era Kirchner.

Después todo fue pronósticos y aspiraciones:
«mejorar la imagen de la Justicia en general y del Máximo Tribunal en particular». Lo resaltó como cuando se mostró favorable a la llegada de «una, dos o más» mujeres.

De todas las candidatas cuyos nombres circulan en los despachos oficiales,
Petracchi destacó el nombre de la camarista mendocina Aída Kemelmajer de Carlucci, única que dijo conocer, aunque evitó pronunciarse a favor o en contra de ninguna de ellas.

También será un tema a discutir una eventual reducción del caudal de causas que llegan a la Corte, en una postura similar a la que ya manifestó
Zaffaroni.

«No deberíamos ser instancia de apelación en juicios en los que participa el Estado y tampoco en los previsionales»,
sostuvo.

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