15 de diciembre 2005 - 00:00

Extraño apuro del consejo de jueces en cerrar casos

Curioso y casi infantil comportamiento el del Consejode la Magistratura: en pleno enfrentamiento con el gobierno se apresta a cerrar dos expedientes muy controvertidos que involucran a tres jueces, sin esperar el aterrizaje de los nuevos miembros de ese cuerpo colegiado.

La jugada, que se imagina audaz, alimenta los salmos de la senadora Cristina Kirchner, cuando, verborrágica, expone que jueces y abogados forman una corporación para defender sus propios intereses.

Los dos casos que el pleno del Consejo tiene pensado abordar hoy -aunque podrían desistir si existe el tino necesario-son el de los camaristas de Cromañón, Gustavo Bruzzone y María Laura Garrigós de Rébori, y el juez Rubén Caro, en el caso Carrasco. Sobre este último es bastante raro el apresuramiento que existe para poder encriptar el expediente. Su caso lleva 11 años en proceso y de pronto surge el interés por clausurar la investigación, aun cuando resta una definición de la Cámara de Casación. En ese tribunal espera su turno la «parte II» del crimenque puso fin al Servicio Militar Obligatorio.

La decisión de llevar al plenario la causa de los camaristas que excarcelaron al empresario Omar Chabán se conoció el martes por la tarde, cuando sus nombres aparecieron inscriptos en la agenda del día.

• Ausencias

Bruzzone y Garrigós de Rébori ya cosecharon un dictamen a su favor, cuando la Comisión de Acusación desestimó por 4 a 2 y 6 a 0, respectivamente, la imputación por «mal desempeño».

Esa imputación la había motorizado el bonaerense Jorge Casanovas, porque los camaristas fallaron por concederle la libertad al gerenciador del boliche de Once, quien finalmente volvió a la cárcel.

El plenario del Consejo tendrá hoy cinco ausencias, por la ida de los peronistas Casanovas, Leila Chaya, Jorge Yoma y los radicales Juan Mínguez y Carlos Prades. Salvo la arista Marcela Rodríguez (que renovó mandato en el Congreso, pero no se sabe si hará lo propio en el consejo de jueces), todavía se desconoce quiénes ocuparán las sillas que dejó vacías el quintetoque partió el pasado 10 de diciembre.

Pese a esta cuestión poco clara, los consejeros -en su mayoría jueces y abogados-tienen pensado sesionar, demostrando que sin el bloque de políticos también se puede trabajar. Casi una chiquilina mojada de orejas para los legisladores.

Ni Bruzzone ni Garrigós de Rébori necesitan que sus expedientes se traten en lo inmediato, porque ya zafaron de los intentos de llevarlos a juicio político. Por lo tanto, no es comprensible el apuro del Consejo de la Magistratura, salvo que se trate -como se dijo antes-de un pueril desafío al poder político, cuando la batalla por la reducción del Consejo de la Magistratura ocupa el interés del Senado y Diputados, y en especial el de la primera dama.

Menos trascendente es el caso del juez federal Caro. Si en 11 años no se movió una hoja, ¿cuál es el apuro de cerrar el expediente cuando está finalizando el año y faltan consejeros? Salvo que sea veraz que existe interés en «salvar» al magistrado y dejarlo que siga habitando su juzgado en la recóndita localidad neuquina de Zapala.

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