Fiscal dijo que Carrascosa es culpable y pidió perpetua

Judiciales

La jornada de ayer marcó el inicio del tramo final en el juicio por la muerte de María Marta García Belsunce. El gran protagonista de este capítulo fue el fiscal Diego Molina Pico, quien en su alegato acusatorio pidió al tribunal que se condene a prisión perpetua al viudo Carlos Carrascosa por encontrarlo culpable del crimen de su esposa.

En una larga exposición que duró cinco horas y con la sala de audiencias repleta, el fiscal afirmó que el viudo es « coautor penalmente responsable del delito de homicidio calificado por el vínculo», pero en caso de que el Tribunal no resuelva que Carrascosa es culpable, solicitó que se lo condene por «encubrimiento agravado» de manera «subsidiaria», aplicándole la pena máxima prevista en el Código Penal para ese delito, que es de seis años de prisión. Además, el funcionario pidió que se investigue también como responsables del crimen a la hermanastra de la víctima, Irene Hurtig, y a su esposo, Guillermo Bártoli, ya que son para el fiscal presuntos «coautores del asesinato».

El alegato incluyó también el pedido al Tribunal de que se investigue al fiscal de Casación Penal de la Nación, Juan Martín Romero Victorica, y al vigilador del country Carmel José Ortiz por el presunto delito de encubrimiento agravado.

  • Reconstrucción virtual

    Teatralmente, caminó dando vueltas por la sala con un micrófono corbatero y usó un puntero láser rojo para señalar puntos específicos en los planos y fotografías de la casa del country Carmel en la que se cometió el crimen. En sintonía, exhibió gran cantidad de cuadros y gráficos a través de una computadora y hasta hizo una reconstrucción virtual de cómo se movieron María Marta, sus familiares, autos y vigiladores antes, durante y después del asesinato.

    «Después de cuatro meses y medio de juicio, no caben dudas de que Carrascosa intervino con la participación de dos personas en el asesinato de su cónyuge», afirmó el fiscal y acusó al viudo y a su familia de realizar una serie de maniobras « tendientes a eludir la Justicia». Entre ellas, mencionó que «se modificaron la escena del crimen y los actores, se alteraron horarios, se inventaron coartadas falsas, se impidió el ingreso de ambulancias y de la Policía y se llegó a solicitar que se cometiera un delito», en alusión al intento de pagar una coima para frenar el ingreso de un patrullero. Asimismo, también agregó que «se acondicionó el cuerpo, se taparon los orificios de bala con pegamento, se gestionó y se obtuvo un certificado de defunción falso, se deshicieron de un proyectil, se ocultó el arma, se intentó trasladar la responsabilidad a terceros ajenos y se inventaron distintas versiones sobre cómo murió María Marta».

    La acusación marcó un cambio de rumbo en la hipótesis del crimen. El sustento de este alegato de Molina Pico fue el resultado de la pericia audiométrica realizada por los peritos de la Gendarmería, con el que probaría que no era cierto que la mujer que se escuchaba de fondo en la llamada de Carrascosa a la empresa OSDE fuese la masajista Beatriz Michelini sino Irene Hurtig.

    Así, se confirmó que el fiscal desechó la teoría que él mismo esbozó en la elevación a juicio de la causa, en la que presuponía que María Marta fue asesinada por intereses vinculados con el narcotráfico y el lavado de dinero proveniente del cartel de Juárez mexicano. Para fundar su nueva acusación, aseguró que existió «una grave discusión» un día antes del crimen y que ese altercado culminó la fecha del homicidio (27 de octubre de 2002) en la casa de los Carrascosa.

    El eje de la acusación del fiscal-fue una línea de tiempo que trazó desde el mediodía de aquel domingo hasta la hora en que se cometió el crimen y los minutos posteriores, en los que a su entender se montaron las maniobras de encubrimiento (ver infografía). Mientras tanto, Carrascosa escuchaba sin inmutarse. Para el fiscal, Carrascosa regresó a su casa a las 18.41 y «ahí es cuando se reavivó la discusión que había comenzado el día anterior», pero no dio detalles sobre su contenido, uno de los puntos más flojos de su exposición.

    Al finalizar su alegato acusatorio, que fue transmitido en directo por televisión, Molina Pico exhortó a los miembros del Tribunal Oral Criminal N° 6 de San Isidro a que no hagan diferencia entre ricos y pobres a la hora de decidir. «No permitan que se siga diciendo en la Argentina que el rigor penal sólo se aplica con los humildes.» «Toda la sociedad tiene los ojos puestos en Su Señoría. Deben devolverle (a la gente) la confianza en la Justicia y las instituciones», afirmó mientras recibía un aplauso.
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