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Lorenzetti vs. Maqueda: la puja en la Corte Suprema
El ministro de Justicia, Alberto Iribarne, inauguró ayer en la Universidad Nacional del Litoral
la Conferencia Nacional de Jueces, presidida por la Corte Suprema de Justicia.
Así la Corte quedaría compuesta por figuras todas nuevas. La idea de los Kirchner de una Justicia incuestionable por su actuación en períodos anteriores quedaría materializada. El único antiguo del tabladosería Maqueda. Mencionar al cordobés para este cargo ya es una costumbre cuando se necesita un referente que pueda interpretar las necesidades de un gobierno. Sin embargo, la lealtad política de Maqueda podría resultar un freno en este nuevo ascenso de su carrera pública. El hombre llegó a la Corte Suprema de la mano del duhaldismo en momentos de gran ebullición institucional. Es un detalle que no se olvida. De eso se habla (y se hablará) por estas horas en Santa Fe, donde un conglomerado de 500 jueces fueron a discutir la estrategia para recuperar prestigio en la sociedad y a pergeñar cómo debería ser la reforma judicial para encarar la nueva etapa.
Esa cumbre fue ayer inaugurada por el ministro de Justicia, Alberto Iribarne, y organizada por Lorenzetti, que llegó a temer que la conferencia se convirtiera en un «foro antirreforma» del Consejo de la Magistratura. Hubiera sido un disgusto para el supremo después de llevar varios meses armando la conferencia. Es que Lorenzetti aspiraba a producir algo así como un relanzamiento de la imagen de los jueces. No fue tampoco casual, entonces, que para ese mitin eligiera a Santa Fe, la tierra donde se gestó el Congreso Constituyente que dio vida a la Constitución de 1853.
Hasta anoche algunos temerosos creían que de la comisión más política, titulada «Independencia Judicial», surgiría una conclusión que politizaría la conferencia con una abierta critica al gobierno por el control que ejercerá en la designación y remoción de los jueces.
Sin embargo, es poco probable que haya un ríspido debate sobre el tema. Los jueces han sido más que discretos en su opinión sobre la reforma del Consejo. Ese silencio tiene una explicación: cuando las espadas de Cristina avanzaban en la decapitación, los magistrados adivinaron que se abría la temporada de caza. Sumisos aceptaron perder un lugar, aunque el proyecto original del Ejecutivo era que los jueces tuvieran sólo dos y no tres sillas en ese cuerpo colegiado.
De todos modos, la Corte ha enviado señales de que no va a salir a confrontar con la administración Kirchner porque entiende que se trata de una disputa ideológica que no le pertenece. De ahí el silencio, casi cómplice de Petracchi que no hizo comentario alguno cuando la senadora borró de un plumazo su representación en la presidencia del Consejo de la Magistratura. En rigor, nunca ningún presidente de la Corte (ni siquiera Nazareno) quiso serlo porque consideraban que ese puesto era perder jerarquía. Además, la Corte de Petracchi está contenta con su nuevo rol. Recuperó el poder administrativo, el manejo de fondos millonarios y vuelve a decidir sobre las subrogancias de jueces.


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