Lorenzetti vs. Maqueda: la puja en la Corte Suprema

Judiciales

En octubre se producirá la renovación en la conducción de la Corte Suprema de Justicia. Enrique Santiago Petracchi aspira a renovar su mandato como presidente del Tribunal. Sin embargo, sus posibilidades de ser reelecto para un nuevo período han disminuido en la misma escala en que se afianzan las chances de Ricardo Lorenzetti de erigirse como nueva cabeza del Poder Judicial. En segundo plano, pero muy cerca, asoma un veterano de la política: Juan Carlos Maqueda y, detrás, Elena Highton de Nolasco, actual vicepresidenta del tribunal supremo.

A siete meses de esos comicios internos, la elección de Lorenzetti aparece hoy como asegurada. Reúne el perfil que el gobierno aspira para la remozada Corte Suprema, luego de la transición que significó el despido a la fuerza de Julio Nazareno y de un cuarteto de jueces con malicia apodados «los automáticos». Además, es un privilegiado en esta instancia: cuenta con la bendición de Cristina Kirchner y, se sabe, los gustos de la dama no son ignorados.

El santafesino llegó como tercer relevo a la Corte (reemplazó a Adolfo Vázquez) hace dos años. Es un académico que nunca fue juez. Tiene 50 años -casi la misma edad en la que Petracchi ingresó a la Corte- y está especializado en derecho civil y comercial. La candidatura de Lorenzetti fue aprobada con 51 votos, uno en contra y dos abstenciones, después de un debate de menos de una hora donde se dio acuerdo al candidato propuesto por el mismo Néstor Kirchner.

  • Remezones

    El ascenso del civilista puede provocar algunos remezones en el Tribunal. La no reelección de Petracchi puede significar el alejamiento de ese magistrado. Si sucede, la Corte Suprema quedaría con seis miembros. Ya no serían dos las vacantes a cubrir sino tres. Un estadio ideal para aplicar la teoría del rafaelino: «Los miembros del tribunal no deben ser nueve ni siete sino cinco como antes de la reforma de Carlos Menem», se pronunció alguna vez.

    Si así sucediera, quien debería acompañar en el éxodo a Petracchi no sería otro que el «irrenunciable» Carlos Fayt.

    Así la Corte quedaría compuesta por figuras todas nuevas. La idea de los Kirchner de una Justicia incuestionable por su actuación en períodos anteriores quedaría materializada. El único antiguo del tabladosería Maqueda. Mencionar al cordobés para este cargo ya es una costumbre cuando se necesita un referente que pueda interpretar las necesidades de un gobierno. Sin embargo, la lealtad política de Maqueda podría resultar un freno en este nuevo ascenso de su carrera pública. El hombre llegó a la Corte Suprema de la mano del duhaldismo en momentos de gran ebullición institucional. Es un detalle que no se olvida. De eso se habla (y se hablará) por estas horas en Santa Fe, donde un conglomerado de 500 jueces fueron a discutir la estrategia para recuperar prestigio en la sociedad y a pergeñar cómo debería ser la reforma judicial para encarar la nueva etapa.

    Esa cumbre fue ayer inaugurada por el ministro de Justicia, Alberto Iribarne, y organizada por Lorenzetti, que llegó a temer que la conferencia se convirtiera en un «foro antirreforma» del Consejo de la Magistratura. Hubiera sido un disgusto para el supremo después de llevar varios meses armando la conferencia. Es que Lorenzetti aspiraba a producir algo así como un relanzamiento de la imagen de los jueces. No fue tampoco casual, entonces, que para ese mitin eligiera a Santa Fe, la tierra donde se gestó el Congreso Constituyente que dio vida a la Constitución de 1853.

    Hasta anoche algunos temerosos creían que de la comisión más política, titulada «Independencia Judicial», surgiría una conclusión que politizaría la conferencia con una abierta critica al gobierno por el control que ejercerá en la designación y remoción de los jueces.

  • Discreción

    Sin embargo, es poco probable que haya un ríspido debate sobre el tema. Los jueces han sido más que discretos en su opinión sobre la reforma del Consejo. Ese silencio tiene una explicación: cuando las espadas de Cristina avanzaban en la decapitación, los magistrados adivinaron que se abría la temporada de caza. Sumisos aceptaron perder un lugar, aunque el proyecto original del Ejecutivo era que los jueces tuvieran sólo dos y no tres sillas en ese cuerpo colegiado.

    De todos modos, la Corte ha enviado señales de que no va a salir a confrontar con la administración Kirchner porque entiende que se trata de una disputa ideológica que no le pertenece. De ahí el silencio, casi cómplice de Petracchi que no hizo comentario alguno cuando la senadora borró de un plumazo su representación en la presidencia del Consejo de la Magistratura. En rigor, nunca ningún presidente de la Corte (ni siquiera Nazareno) quiso serlo porque consideraban que ese puesto era perder jerarquía. Además, la Corte de Petracchi está contenta con su nuevo rol. Recuperó el poder administrativo, el manejo de fondos millonarios y vuelve a decidir sobre las subrogancias de jueces.
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