Creció ayer en Tribunales la sospecha de que el pretendido juicio político a Carlos Fayt podría esconder una suerte de presión dirigida a los miembros de la Corte, que la semana próxima el Tribunal intentará buscar un acuerdo para comenzar a tratar el «expediente Beratz». El fallo podría abrir las puertas para que cientos de ahorristas reclamen la devolución de los depósitos en moneda de origen, algo que preocupa al gobierno, que puja por dilatar una decisión hasta después de las elecciones del 27 de abril. Una amenaza de juicio político sería funcional para crear alguna fisura en la mayoría de los 5 ministros que están dispuestos a ratificar que debe respetarse el valor de origen de lo depósitos.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Ese quiebre podría surgir de una posible inhabilitación que la comisión de juicio político imponga a Fayt para intervenir en el expediente, algo que hasta ahora los diputados no logran hacer avanzar. Una eventual exclusión de Fayt obligaría al ingreso de un conjuez y a la mayoría a perder esa condición. La cuestión podría ponerse cuatro a cuatro y se estaría ante un claro empate técnico, sobre todo porque en el caso Beratz Enrique Petracchi -que podría desempatar- no vota porque se excusó.
Así planteado, es casi seguro que una definición se alargará por buen tiempo. Claro que los tiempos de un juicio político son otros que los de este fallo y puede dejar todo en el terreno de las intenciones. Más, si Duhalde intenta usar el poco poder que le queda hasta el 25 de mayo para marcharse de la presidencia con una Corte Suprema nueva. O, al menos, haber tendido el amarre para que desembarquen otros hombres que la conformen.
Se recordaba ayer en el hall central del cuarto piso del Palacio de Tribunales, donde están los nueve despachos de los jueces de la Corte Suprema, uno de los pasajes de «Fausto», de Goethe. «Está Fausto en la cocina de la bruja donde le están cocinando el brebaje que le va a devolver la juventud eterna o la juventud pactada con Mefistófeles, que por supuesto es por un tiempo, cuando de pronto en la cocina ve un espejo y en él aparece la imagen maravillosa de una mujer que los deslumbra. Fausto queda absolutamente extasiado, y Mefistófeles -que está detrás- se sonríe y finalmente se ríe, emite una larga carcajada, porque sabe que eso es absolutamente falso.»
La reflexión conducía a ilustrar las razones que empujan a los legisladores a reeditar el pretendido juicio político contra Fayt a la luz de un cambio importante en las relaciones entre los magistrados respecto del año pasado, cuando se lo acusó a Fayt por no haberse excusado de participar en las causas del «corralito» financiero, pese a poseer en esa condición un plazo fijo en el Banco Nación.
En efecto, en la acordada del 18 de diciembre de 2002, cuando se analizó el recurso de amparo de la ahorrista Mirta Beratz, Fayt presentó un escrito en el que se excusaba de intervenir en esa causa y en todas aquellas en la que se encontraba en juego la validez constitucional de las medidas que determinaron la pesificación de los depósitos bancarios. Invocó para ello «graves razones de delicadeza» y agregó que no había promovido -ni lo haría- pleito alguno tendiente a recuperar sus depósitos o preservar su integridad, ya que había aceptado bonos del Estado.
La Corte rechazó esa excusación diciendo que «quien desempeña tan elevada magistratura podrá colocarse por encima de tales insinuaciones para cumplir con su misión con toda la libertad de espíritu». Los jueces opinaron que «no se configura en el caso ninguna causal de recusación» y que debía «evitarse que la recusación o la excusación se transforme en un medio espurio para apartar a los jueces naturales de las causas sometidas a su conocim iento». El fallo llevaba las firmas de los ministros Julio Nazareno, Eduardo Moliné O'Connor, Guillermo López, Adolfo Vázquez y Antonio Boggiano. La única disidencia fue de Augusto Belluscio.
Dejá tu comentario