La tormenta geomagnética de 1956 fue provocada por una potente llamarada solar: una violenta erupción de materia, que ocurre cuando la energía acumulada en los campos magnéticos de la superficie del Sol se libera de forma repentina.
¿Estuvimos en peligro? Una enorme tormenta de radiación solar impactó sobre la Tierra hace 70 años
Los expertos advirtieron sobre un posible peligro para la actualidad, tras descubrir un evento ocurrido en 1956.
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Pese a su carácter destructivo, la tormenta de hace siete décadas permitió confirmar teorías sobre el viento solar y avanzar de manera decisiva en la comprensión del funcionamiento del Sol.
En aquel momento no existían satélites, por lo que los efectos se concentraron principalmente en las telecomunicaciones terrestres. Sin embargo, si un fenómeno similar ocurriera hoy, el impacto sería considerablemente mayor.
Por qué ocurrió una tormenta de radiación solar en ese momento
Los expertos advirtieron que una tormenta de esta magnitud p ondría en grave peligro la tecnología actual, y que cientos de satélites podrían quedar dañados o destruidos, y su reconstrucción y relanzamiento demandarían años.
El evento de 1956 se vio favorecido por una combinación excepcional de factores. El Sol se encontraba en el máximo de su conocido ciclo de 11 años, pero además coincidía con el pico de otros ciclos solares más largos, cuya superposición elevó la actividad a niveles que no se han vuelto a observar desde entonces. Aun así, estas condiciones extremas no son indispensables para que una tormenta de gran magnitud vuelva a repetirse.
Cada cuánto podemos esperar una tormenta de radiación solar en la Tierra
No existe actualmente ninguna forma de predecir con precisión eventos de este tipo. En la actualidad, los pronósticos solo permiten anticipaciones de entre 24 y 48 horas, un margen que serviría al menos para que los satélites entren en modo seguro y reduzcan daños.
Desde un punto de vista estadístico, se espera que una tormenta geomagnética comparable a la de 1956 ocurra aproximadamente cada 50 años, aunque no puede descartarse la aparición de eventos aún más potentes.
Pese a su carácter destructivo, la tormenta de hace siete décadas dejó un legado clave para la ciencia: permitió confirmar teorías sobre el viento solar y avanzar de manera decisiva en la comprensión del funcionamiento del Sol, conocimientos que hoy resultan fundamentales para evaluar los riesgos del clima espacial.





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