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13 de enero 2026 - 14:30

Para qué sirve el protector solar y por qué deberías usarlo incluso cuando esté nublado

Aunque el cielo esté gris, la radiación sigue activa y deja huella. En verano, el protector solar diario evita manchas y envejecimiento.

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El protector solar no es solo para la playa: en verano, sumar ese paso a la rutina cambia el futuro de la piel, incluso en días grises.

Mariano Fuchila

En verano, el índice UV que te muestra el pronóstico del tiempo suele meter presión para cuidarte. Pero la radiación no “se toma franco” cuando afloja el calor: la piel recibe energía igual y el daño se acumula de a poco, aunque no lo notes en el momento.

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Ahí entra en juego el protector solar como hábito diario, no como un gesto de playa. La radiación que más envejece y mancha puede atravesar nubes y hasta colarse por una ventana, así que el cuidado no se limita a un día despejado ni a una salida al aire libre.

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No hace falta sol pleno para cuidarse: en verano, la fotoprotección diaria ayuda a frenar manchas y fotoenvejecimiento aunque esté nublado.

Por qué es tan importante el uso diario de protector solar

Lo que llega del sol no es solo luz: es un combo de radiación visible, infrarroja y radiación ultravioleta. En la piel, los protagonistas son los rayos UVA y los rayos UVB. Los UVA sostienen una presencia casi constante durante el año, atraviesan nubes y vidrios, y se meten más profundo: por eso aceleran el envejecimiento y afectan la firmeza.

Los UVB, en cambio, se sienten más en superficie y se asocian a la quemadura y al enrojecimiento, sobre todo en momentos de máxima exposición. El problema es que “no quemarse” no significa “no dañarse”: cuando la radiación impacta sin barrera, se generan radicales libres y se altera el equilibrio de la piel, con marcas que aparecen con el tiempo.

Por eso la fotoprotección diaria funciona como prevención a largo plazo. Incluso en días grises, una parte grande de los rayos UV logra atravesar la nubosidad, y esa exposición repetida se traduce en manchas, tono irregular y signos de fotoenvejecimiento. La piel suma historial, aunque vos no lo veas en el espejo esa misma tarde.

El efecto del sol en cada una de las estaciones del año

Cada estación cambia el escenario, pero no elimina el riesgo. En invierno, el frío engaña: los UVA siguen activos y, si hay superficies que reflejan (como nieve o hielo), la radiación rebota y aumenta el impacto. En otoño, aunque baje la intensidad del sol, la piel puede quedar más sensible y predispuesta a mancharse, porque arrastra la exposición de los meses previos.

La primavera trae más tiempo al aire libre y sube la radiación UVB, con una piel que todavía arrastra reactividad del invierno. Y en verano se da el pico: se multiplica la exposición directa, se suma el rebote en arena, agua o ventanas del auto y el calor se siente por la radiación infrarroja. En todas, la idea es la misma: sostener el hábito, ajustar la textura y reaplicar cuando toca.

Cuándo aplicar el protector solar en la rutina de skincare

En la cara, el orden ayuda a que todo funcione mejor. La rutina puede ir así: contorno de ojos, sérum, crema hidratante y, después de unos minutos, el protector solar. Recién cuando se asienta, va el maquillaje. Si lo hacés al revés, es más fácil que la protección quede irregular o se corra.

Otro punto clave es la constancia durante el día. La crema solar pierde eficacia con el paso de las horas y conviene renovar la aplicación de forma periódica. Si usás base, la reaplicación se complica, pero no se vuelve imposible: podés apoyarte en productos con color que incluyan factor de protección, siempre entendiendo que no reemplazan el paso de la protección solar como base de la rutina.

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