18 de febrero 2026 - 08:00

Qué es el "ojo de sangre", la rareza que detectaron los científicos en el espacio exterior

La NASA descubrió un nuevo agujero negro de colapso directo, que podría cambiar la historia de la astronomía como la conocemos.

Los Agujeros Negros de Colapso Directo (DCBH) resultan especialmente extraños, porque las condiciones necesarias para su formación rara vez coinciden en un mismo entorno.

Los Agujeros Negros de Colapso Directo (DCBH) resultan especialmente extraños, porque las condiciones necesarias para su formación rara vez coinciden en un mismo entorno.

NASA

La NASA dio a conocer un hallazgo que despertó un fuerte interés en la comunidad científica: el descubrimiento de un fenómeno astronómico, apodado “ojo de sangre” por su llamativa apariencia. La observación fue posible gracias al telescopio espacial James Webb, cuya avanzada tecnología permitió detectar esta rareza en el centro de una galaxia muy distante.

El fenómeno se destaca no sólo por su aspecto visual, sino también por el contexto cósmico en el que se encuentra. Según explicaron los investigadores, el “ojo de sangre” aparece en regiones del Universo con menos de mil millones de años de antigüedad; es decir, en una etapa extremadamente temprana tras el Big Bang. Esto lo convierte en una pieza clave para comprender cómo se formaron y evolucionaron las primeras galaxias.

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Un hallazgo único: qué es y cómo funciona el "ojo de sangre"

El descubrimiento abre nuevas líneas de investigación sobre los procesos físicos que dominaban el cosmos y refuerza el papel del James Webb como una herramienta fundamental para explorar los orígenes del Universo.

Cada nueva observación de este tipo aporta información valiosa para reconstruir la historia de los primeros tiempos cósmicos y desafiar los modelos actuales de formación galáctica.

Según investigadores del Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian, el denominado “ojo de sangre” no correspondería a una galaxia propiamente dicha, sino a Agujeros Negros de Colapso Directo (DCBH, por sus siglas en inglés), considerados semillas de agujeros negros de gran masa.

Estos objetos se originan a partir del colapso directo de enormes nubes de gas, sin pasar por las etapas intermedias de formación estelar.

Este mecanismo explicaría cómo pudieron surgir agujeros negros extremadamente masivos en los primeros tiempos del Universo, cuando el cosmos aún era muy joven. El hallazgo aporta evidencia clave para comprender el rápido crecimiento de estos cuerpos y su rol en la evolución temprana de las galaxias.

Cómo son los Agujeros Negros de Colapso Directo

Los Agujeros Negros de Colapso Directo (DCBH) resultan especialmente extraños porque las condiciones necesarias para su formación rara vez coinciden en un mismo entorno.

Para que puedan originarse, es indispensable la presencia simultánea de gas primordial libre de metales, gas enfriado únicamente por procesos atómicos y un flujo intenso de fotones Lyman-Werner, capaces de destruir las moléculas de hidrógeno.

Si este escenario no se cumple, el proceso evoluciona de manera distinta: el gas se enfría, la nube primordial se fragmenta y el resultado es la formación de nuevas estrellas, en lugar de un agujero negro.

En el caso de los DCBH, la imposibilidad de generar estrellas provoca que la enorme masa de gas colapse directamente por efecto de la gravedad, alcanzando densidades extremadamente altas en su núcleo.

De allí surge su nombre: estos agujeros negros se forman por colapso directo de una nube de gas primordial, sin pasar por una fase estelar previa, a diferencia de la mayoría de los agujeros negros conocidos, que nacen tras la muerte de estrellas masivas.

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