8 de julio 2022 - 00:00

Marcelo Pelleriti: "Las trabas a la importación nos lleva a producir menos vinos de alta gama"

El reconocido enólogo mendocino que dirige la bodega Monteviejo -entre otros proyectos (incluida su propia línea Marcelo Pelleriti Wines)- analizó la situación de la industria vitivinícola.

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Ph Aldo Frongia

Marcelo Pelleriti es uno de los iconos de la renovación del vino argentino y de la modernización de la industria, cada vez más enfocada en el mercado exterior. Pelleriti, a cargo de la Bodega Monteviejo en el Valle de Uco y con una línea personal creada en 2007 (Marcelo Pelleriti Wines), fue el primer enólogo latinoamericano en obtener 100 puntos de Robert Parker.

“La idea es crecer en exportaciones, con las limitaciones importantes que tenemos, sobre todo en la liquidación de divisas”, señala en diálogo con Ámbito, el mendocino, quien de joven se asoció con el experto Michel Rolland, quien generó una revolución en la producción del vino local. Con proyectos en Francia, Pelleriti apuntó contra las trabas a la importación que impiden producir y se refirió a la calidad de los vinos locales, que siguen conquistando nuevos mercados. También se refirió a los consumidores locales, a la necesidad de profesionalización y la calidad de la última cosecha.

Periodista: ¿Estás con nuevos proyectos?

Marcelo Pelleriti: Estoy tratando de hacer funcionar lo que ya tengo. No se puede vivir eternamente con nuevos proyectos, todo lleva tiempo en el mundo del vino, no es tan fácil posicionar una marca. Lo que existe, tengo que posicionarlo lo mejor que se pueda. Hay etiquetas que pueden abortar en el camino. La intención es poner en línea todo lo que tenemos.

P: ¿Cuando hablas de posicionar, es en el mercado externo?

M.P.: Sí, es fundamental el mercado externo. Son muy pocas las bodegas argentinas que pueden vivir con el mercado interno, no podríamos subsistir. El interno hoy es un 40% de venta. La idea es crecer en exportaciones, con las limitaciones importantes que tenemos, sobre todo en la liquidación de divisas. Se liquidan en un dólar que no es real.

P: ¿Están con problemas para la importación de insumos para producir?

M.P.: Estamos pagando barricas para el año próximo, pero no podemos pagar más, pagamos una parte. Nos piden que nos autofinanciemos con empresas matrices, pero yo no tengo matrices afuera, me mantengo yo solo. ¿Qué tengo que hacer? ¿Pedirle plata a un inversor extranjero para que financie mi negocio? Nos lleva a producir menos de alta gama. Es una pena porque está creciendo el vino argentino en exportación, pero en todo rubro necesitás importar: corcho, barrica, cualquier producto orgánico para el viñedo. Todo es importado. Traté de traer tecnologías que se utilizan en Francia, donde se utilizan menos nutrientes y tienen menos impacto ambiental, pero no se termina de destrabar. No se puede cerrar una importación, porque paraliza la industria.

P: ¿Y con las botellas?

M.P.: Siempre estamos complicados con las botellas. Hoy estamos comprando para una campaña y media. Me sobrestockeo. Tengo que tener para un año porque si no puedo vender vino tengo que cerrar.

P: ¿Cuáles son las expectativas en este contexto?

M.P.: Más allá de eso, hagamos de cuenta que no existieran problemas: armé equipo, soy perseverante, me pongo objetivos y hasta que no lo cumplo no paro. Estamos vendiendo muy bien en exportaciones, afianzando regiones nuevas en Estados Unidos. Por ejemplo: California, Texas, que teníamos poca presencia, hoy tenemos buena presencia. No es gratis porque me la paso viajando cuatro meses del año por lo menos, y no es fácil porque soy híper familiero. Los vinos se están posicionando, y por la calidad me siento orgulloso de ser parte de la industria del vino argentino. En calidad y precio. Sería una pena tener trabas: en un segundo podés tirar abajo un esfuerzo enorme.

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P.: ¿Cómo estás trabajando los mercados de América Latina?

M.P: Latinoamérica es más complejo, Perú era lo más simple para hacer el trámite. En Brasil, por los impuestos internos el costo final es altísimo. Tratamos de hacer un esfuerzo en precio pero no podemos compensar el problema impositivo de un país. Latinoamérica está destinada a crecimientos limitados por un tema impositivo.

P.: Y en cuanto al tipo de vino, ¿elaboras pensando en las distintas tendencias en esos países?

M.P.: No hago vinos para el gusto de un crítico, hago el vino que me gusta hacer a mí. Ofrezco lo que tengo. En Perú, por su gastronomía de mar, llegamos con el blanco y vinos ligeros para la gastronomía de mar y el resto con estructura y madera. Hay un buen precio promedio. Lo que buscamos es tener una identidad como bodega. Monteviejo, Parcelo Pelleriti, que al probarlos tengan un estilo que se respeta y evoluciona. Es lo que nos permite vender: sabés que comprás una botella hoy y hay un estilo y una tendencia. Desde 2002 hasta 2019 en degustaciones a ciegas hay una conducta. Estoy disfrutando de ese valor.

P.: Para llegar hoy a los mercados más importantes, ¿es una necesidad hacer vinos orgánicos?

M.P.: No tanto. Hay países como Canadá que sí, pero se puede seguir vendiendo. En Estados Unidos no hay mucha atención a eso, pero sí en que los viñedos sean orgánicos. Hay normativas diferentes entre Europa y Estados Unidos para definir qué es orgánico. Hoy estamos transformando el viñedo en orgánico, necesitamos tecnología porque no damos abasto con la mano de obra.

P.: ¿Cómo observas al mercado interno?

M.P.: Siempre sorprende. En la pandemia se dio una locura, una ilusión que vino muy bien. Se vendió con margen muy pequeño en pandemia. Hoy la gente está interesada en aprender. Hay un consumidor muy interesante en el país, hay furor del vino, se puede crecer infinitamente. El problema es la inflación, es un problema definir los precios. Y si no posicionás el producto en precio cuando hay que hacerlo, después no lo aumentas más. No se puede llevar a la relación Estados Unidos, pero hay que ir llevándolo para que no baje su valor. El mercado local es importantísimo.

P.: También estás con el proyecto Winexperts, que ofrece formación académica, ¿de qué se trata?

M.P.: Doy charlas respecto a la enología, transmito mi experiencia, una parte técnica no tan teórica. Hablo de la pasión y del contagio de esa pasión. Hablo en base a experiencias comerciales, experiencia de mercado. No es una clase técnica de vitivinicultura. Es transmitir la experiencia como hacía mi abuelo conmigo.

P.: ¿Hay una necesidad de profesionalización en la industria del vino?

M.P.: Sí, en muchos sentidos. El que comunica el vino lo tiene que hacer de una forma amable, ubicarse dónde está parado. Si es “mirá cuanto sé” alejamos al consumidor normal que quiere tener un vino en la mesa. Que sea una bebida de placer y no de problema en la mesa.

P.: ¿Cómo fue la cosecha 2022?

M.P.: Es una muy buena cosecha. Eso sí, accidentada. Hubo heladas, y en malbec la temperatura baja perjudica la producción. En la vendimia se dio un clima hermoso, hasta que tuvimos una helada prematura en abril, ahí tuvimos problemas en algunas parcelas. La calidad es impresionante.

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