Espectáculos

María Sancerni: "El teatro es un ritual aún muy sensible"

Junto con la novedad, continúa presentándose en "Un amor de película", de Héctor Díaz, en el Espacio Callejón.

“‘Atlántico’ tiene que ver con lo que sucede cuando el amor deja de estar, y qué huellas puede imprimir en un cuerpo y en otro”, dice a este diario María Inés Sancerni, en cuya idea se basa esta pieza con dirección de Luciano Suardi y actuaciones de ella misma, William Prociuk y Eugenia Mercante, que se presenta todos los viernes en el teatro Anfitrión. Sancerni, además, forma parte del elenco de “Un amor de película”, de Héctor Díaz, que se presenta los jueves en Espacio Callejón. Ambas obras continuarán hasta diciembre. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Cómo surgió “Atlántico”? ¿Qué tiene de peculiar la manera en que está contada?

María Inés Sancerni: Se me presentaban retazos, recuerdos de un amor que ya no es, todo mezclado, y era difícil trasladar la idea al papel. También sabía que quería tres personajes. Por eso convoqué al colega Alfredo Staffolani, y partimos de la idea del déjà vu, la repetición con distorsión, donde no se sabe si algo sucedió o está ocurriendo. Él trazó una historia de manera desordenada, pero con la lógica de la repetición y la idea de haber vivido algo que empieza a trasladarse a los cuerpos, como con una onda expansiva, como la piedra que cae al agua.

P.: ¿Cómo sumaron al relato la escenografía y la iluminación?

M.I.S.: La edad da ciertas ventajas porque conozco hace veinte años a gente muy talentosa. Uno de ellos es Rodrigo González Garillo, el que ideó ese trailer desplegable de “Petróleo”, y aquí tuvo la idea de sintetizar todo en un dispositivo sencillo que da idea de todos los lugares por los que habitan estos tres personajes. Es un pedazo de madera que a los pocos segundos se transforma en todo lo que queremos contar, pintado e iluminado.

P.: ¿Qué le aportó Luciano Suardi a la puesta?

M.I.S.: El tema era cómo ficcionalizarlo sin volverlo cliché y ahí entra Suardi, que es el rey de los detalles, todo lo minúsculo aporta al color de los personajes; a veces basta sólo un detalle en la mirada. También sabía que mi personaje atravesaba una serie de equívocos, una especie de cómic en la idea, pero que quedó humano y además causa gracia, porque necesitaba que tuviera humor.

P.: Está nominada como mejor actriz del off para los ACE por “Amor de película”, obra que es éxito de público y crítica. ¿A qué lo atribuye?

M.I.S.: Tiene varios aciertos, la escribió Héctor Díaz que es actor, no dramaturgo, y como lo hizo desde el lado de la actuación pensó mucho en los caracteres de los cinco personajes, sabiéndose él muy apegado al del guionista “loser”. Tiene esa fisonomía del tipo que parece gris pero con unos estallidos de humor y candidez que producen empatía en el espectador, y eso lo trasladó al resto de los personajes. Encarriló además el argumento con el relato y resultó en algo redondo y singular, con un rebote muy festivo.

P.: ¿Qué diferencias marcaría después de trabajar en el oficial y en el off?

M.I.S.: Que haya producción detrás allana muchas cosas; el montaje escenográfico, pagarle a un músico en escena. Uno puede darse gustos estéticos que tienen que ver con el relato y que tienen altos costos. En el off no hay tal presupuesto y sigue siendo de muchísima experimentación, pero en el buen sentido, con hallazgos y boca en boca potentes. Me gustaría que el gran público se moviera en ese medio pero lo hace más en el oficial por las entradas accesibles.

P.: Hay quienes alegan que al comercial le falta búsqueda, ¿está de acuerdo?

M.I.S.: En el comercial se corre cierto peligro entre comillas porque los tiempos exigen uno o dos meses para el montaje y los números tienen que cerrar. Creo que hay algunas excepciones como “Después de casa de muñecas”, con una actriz de renombre televisivo como Paola Krum, y otros actores como Jorge Suárez o Julia Calvo, y además hay búsqueda de contenido con un discurso interesante. Es una conjunción milagrosa y una excepción. Se convoca, por exigencias del medio a actores solamente con nombre y no con nombre y talento. Sin embargo, el teatro es un ritual todavía muy sensible.

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