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Martín Cristal: "Nuestro presente dista de ser perfecto"

El escritor cordobés habló de su premiado libro de cuentos "La música interior de los leones", en donde se vislumbra una Córdoba en el que la tecnología crea una sociedad perturbadora.

El escritor cordobés Martín Cristal (1972) ganó con su libro de cuentos "La música interior de los leones" el Premio Literario de la Fundación El Libro 2018/19, consistente en la publicación de la obra y $400.000. También es autor de "Aplauso sin fin" (Premio de Novela Corta de la Diputación de Cáceres, España, 2017), "Las ostras" (2012) y "Mil surcos" (2014), entre otros.

“Sus relatos son mecanismos perfectamente armados que extrapolan focos puntuales de la sociedad tecnológica actual, para pensar distópicamente una cultura en descomposición, abrevando en el carácter especulativo que caracteriza a la ciencia ficción, aunque construya cuentos que no se puedan enmarcar fácilmente en ese género”, fundamentó el jurado integrado por integrado por Elsa Drucaroff, Carlos Liscano, Vicente Battista, Leopoldo Brizuela y Luis Chitarroni al elegir "La música interior de los leones".

Durante la presentación, en la última Feria del Libro, el escritor Sebastián Robles dijo: "Es un libro muy ambicioso, porque cada uno de los cuentos trabaja sobre un tema que ya tiene un largo recorrido en la ciencia ficción: los clones, los viajes en el tiempo, la paranoia, entre otros. Lo notable es hasta qué punto el autor se apropia de esos temas, los hace sonar con su propia melodía interior".

Cristal logra crear con la suma de la individualidad de sus cuentos un universo homogéneo que habla de la sociedad, de la tecnología y de Córdoba, con el agregado de algún elemento nostálgico. Hay un mecanismo de ciencia ficción muy ligado a los consumos culturales populares de una época. Existe un clima distópico en clave Black Mirror, de burla de la sociedad actual, y que se sincroniza con la totalidad del libro y da un golpe con cada cuento.

Periodista: ¿Tenías fe antes de ingresar al concurso en que un premio tan importante pudiera elegir una obra que se podría encasillar dentro de la ciencia ficción?

Martín Cristal: No sé muy bien qué es la fe… Sólo vi que estos relatos, que ya tenía terminados, calzaban con los requisitos del concurso de la Fundación El Libro, y que la composición del jurado era muy interesante. No me puse a calcular qué géneros podía preferir cada uno de sus integrantes; mandé el libro que ya tenía y listo. Por otra parte, no diría que "La música interior de los leones" se “encasilla” en la ciencia ficción; es cierto que el libro tiene muchos elementos de ese género, pero también los mezcla con otros, como el policial, el terror… Creo que esa mixtura es la que le da su sabor particular.

P.: ¿Cómo se escribe ciencia ficción desde un país subdesarrollado que ve los avances del mundo por la ventana? Y hacerlo, además, con una mirada cordobesa.

M.C.: Quizás dejando que aparezcan rasgos locales, pero sin que campee el pintoresquismo. Diciendo como al pasar algo del lugar propio, pero con especulaciones lógicas que no corten sus lazos con el resto del planeta. Sin caer en una parodia del género, sino buscando nuevas variantes y enfoques para sus tópicos. Y centrándonos en la contemporaneidad, no en un improbable futuro distante. Por otra parte, si la tecnología está involucrada en la historia, conviene razonar cómo es que ella llega a nuestra periferia: qué modelo de negocios nos la alcanza y qué reglas impone, qué usos particulares se generan a partir de él y cuáles son los clandestinos, las perversiones de ese uso declarado. En cuanto a la “mirada cordobesa”… No sé, creo que es natural que mi experiencia y mi entorno impregnen las historias que imagino. Las cuales no son sólo de ciencia ficción; también he escrito otros libros de corte realista.

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P.: En tus cuentos hay un fuerte discurso sobre el capitalismo, las franquicias y el consumo. ¿Acaso lo peor de la globalización es lo único que nos mantiene dentro?

M.C.: No es que por acá recibamos solamente lo negativo del sistema capitalista: es que los pros y las contras son parte del mismo combo. Todo negocio honesto ofrece beneficios a ambas partes, al menos en la superficie de su mecánica. El asunto es qué pasa cuando no son tan honestos, o cuando, a pesar de serlo, esos beneficios superficiales generan además efectos secundarios que sí son negativos para alguna de esas partes o para terceros. En términos dramáticos, esa franja entre la mala intención y la buena-pero-con-daños-colaterales es muy interesante para narrar.

P.: Tus historias también se ocupan de generar preguntas en torno a qué es lo original y qué es la copia. ¿Es esta una característica de la época que vivimos?

M.C.: La pregunta por lo verdadero es tan vieja como la humanidad misma. En el siglo XX, uno de los autores que insistió en señalar lo difícil que a veces resulta distinguir lo real del mero simulacro, fue Philip K. Dick. Lo que sucede es que esa duda pertinaz que, en su vida, Dick llevó a las últimas consecuencias, ha ido intensificándose para todos nosotros al ritmo de lo que la tecnología va permitiendo hacer. El retoque digital y la animación con CGI, que cada vez trucan mejor las fotos y los videos; las sustancias y los materiales sintéticos, que se van haciendo indistinguibles de los naturales; las impresoras 3D, que pueden emular armas y otros objetos en forma casi instantánea; el perfeccionamiento de los entornos de realidad virtual, las posibilidades abiertas por la clonación… Todo tiende a que esa pregunta paranoica se vuelva más y más pertinente. Y lo mismo vale para los acontecimientos diarios: “¿esto es auténtico, pasó de verdad… o son sólo más fake news?”.

P.: La nostalgia se cuela en los cuentos como la misma Córdoba omnipresente. ¿El pasado fue brillante y el presente es una distopía?

M.C.: ¿Te parece tan nostálgico? Supongo que al especular sobre un futuro próximo con base en los datos del presente, quizás algunos lectores puedan percibir que el libro implica que ese otro-tiempo-no-involucrado-en-la-ecuación (el pasado) es “mejor” que los otros dos… Pero yo, la verdad, no lo veo así: de seguro no en la actitud personal, donde elijo siempre la filosofía spinetteana de que “mañana es mejor”; pero tampoco en lo histórico, donde son muchísimos los aspectos que podrían enumerarse para recordar que el pasado de la humanidad no ha sido mejor que esto que tenemos hoy, nos guste o no. Por lo demás, si utopía sugiere una sociedad ideal, ese horizonte donde amanece un deseo, distopía señala en la dirección contraria: es el lado oscuro, el indeseable. Es un término prospectivo y admonitorio: “cuidado, no vayamos por ahí”. Nuestro presente dista de ser perfecto, es cierto, pero no creo que estemos viviendo en una distopía, al menos por ahora. Claro que, si yo fuera un personaje de Huxley o de Dick, empezaría a sospechar lo contrario. Por las dudas.

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