París - El presidente francés Emmanuel Macron afirmó ayer que espera que su reforma de las jubilaciones entre en vigor “al final del año” y que, para eso, está dispuesto a pagar todos los costos políticos que sean necesarios. Asimismo, calificó de “sediciosos” a los manifestantes que endurecieron las protestas desde que esa impopular medida se adoptó por decreto, eludiendo un Parlamento adverso.
Mientras espera más protestas, Macron se dijo decidido a pagar el costo por su polémica reforma
El endurecimiento de las condiciones de jubilación enfrenta al presidente con una mayoría social. Analistas advierten sobre un ascenso de la extremista Le Pen.
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“Esta reforma es necesaria. No me hace feliz. Habría preferido no hacerla...”, aseguró el mandatario liberal en una entrevista de 35 minutos en las principales cadenas de televisión, la privada TF1 y la pública France 2. “Si hay que asumir la impopularidad de esta reforma del sistema previsional, la asumiré”, añadió.
Francia vive un contexto social muy tenso con una ola de protestas espontáneas, marcadas por la violencia, y la entrevista no parece que vaya a calmar los ánimos en la víspera de una nueva jornada de movilización convocada por los sindicatos.
Sus declaraciones implican un “desprecio para las millones de personas que manifiestan”, dijo Philippe Martinez, líder del sindicato CGT. Macron “ha echado más brasas a un asador bien prendido”, estimó por su parte el jefe del Partido Socialista, Olivier Faure.
Escalada
El Gobierno enfrenta desde enero un fuerte rechazo a su plan de retrasar la edad de jubilación de 62 a 64 años para 2030 y de adelantar a 2027 la exigencia de aportar 43 años, y no 42, para cobrar una pensión completa.
A las manifestaciones masivas desde enero, se sumó a partir del 7 de marzo una huelga prorrogable en sectores clave como la energía y transportes y un abanico de acciones: basura acumulada en las calles de París, bloqueo de rutas, puertos y universidades.
Pero la tensión explotó el jueves cuando Macron y su primera ministra Élisabeth Borne -quien debió enfrentar un voto de censura- anunciaron su adopción por decreto, ya que temían perder la votación en la Asamblea Nacional (cámara baja), incluso con el apoyo de la oposición de derecha. Desde ese día, París y otras ciudades registran cada noche protestas no declaradas, en las que manifestantes, en su mayoría jóvenes, queman contenedores y otros elementos en su pulso con la Policía.
“No toleraremos ningún desborde”, advirtió Macron, que calificó de “sediciosos” a estos manifestantes y los comparó con quienes asaltaron el Capitolio en Estados Unidos en 2021 y las instituciones en Brasil en enero.
La víspera, en una reunión con legisladores oficialistas, ya advirtió que la “muchedumbre” y los “disturbios” no tenían “legitimidad” sobre los representantes del pueblo, unas declaraciones criticadas incluso por sus aliados.
Ultraderecha
Macron fue reelegido hace casi un año, gracias al cordón sanitario contra su rival ultraderechista Marine Le Pen, con un programa reformista y liberal con el que espera ahora pasar la página del conflicto por las jubilaciones.
Algunos analistas consideran que la tensión actual en Francia beneficia políticamente a Le Pen de cara a 2027. Para la ultraderechista, la entrevista mostró a un Macron “cada vez más solo” y “reforzó el desprecio” de los franceses.
Las fuerzas de seguridad se encuentran en el punto de mira por los cientos de detenciones practicadas desde el jueves, que en la gran mayoría de los casos se saldan con liberaciones sin que se presenten cargos.
Amnistía Internacional alertó ayer sobre el “uso excesivo de la fuerza de forma generalizada” y sobre “las detenciones arbitrarias”, preocupaciones ya expresadas por la oposición de izquierda, abogados, magistrados e incluso la defensora del pueblo.
El ministro de Justicia, Eric Dupond-Moretti, pidió en cambio firmeza a los fiscales y una “respuesta penal sistemática y rápida” contra los manifestantes detenidos.
Más allá de la reforma, Macron se juega poder aplicar el programa de su segundo mandato que corre hasta 2027, por lo que su entrevista fue muy seguida para conocer sus intenciones y ver si admite algún error, como esperan los observadores.
El jefe de Estado reconoció que su único error fue “no conseguir convencer” sobre la reforma, que espera aplicar “para finales de año” y que busca evitar un futuro “déficit” en la caja de las pensiones. Ahora la examina el Consejo Constitucional.
Los observadores consideraron que su adopción por decreto dificultará sus próximas reformas, en un contexto de falta de mayoría absoluta.
Macron descartó por ahora disolver la Asamblea, someter a referendo la reforma o remodelar el gobierno, como pedía la oposición, y encargó a su primera ministra “construir un programa de gobierno” y “ampliar la mayoría”.
Símbolo de esta nueva situación, el Gobierno paralizó una reforma migratoria que debía empezar a debatir el Senado la próxima semana y que dividirá ahora en varias partes para facilitar su adopción, ante el rechazo de la derecha a la regularización de trabajadores sin papeles.




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