27 de noviembre 2023 - 00:00

Mirta Kupferminc: un arte para ver y ser visto

Su instalación de rectángulos “La casa rota”, de la serie “Clamor” (que se construyó durante la pandemia) puede apreciarse a través de una vidriera.

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En Sánchez de Bustamante 599 hay una vidriera perteneciente a una galería inusual donde se exhibe “Una obra-Un artista” y en esta ocasión está dedicada a una instalación de Mirta Kupferminc, “La casa rota”. Pertenece a una serie “Clamor” que se construyó por primera vez durante la pandemia en el Museo del Holocausto en Tucson, Arizona y se llamó “Clamor en el Desierto”. Está conformada por rectángulos de 25x10 cm, realizados en litografía sobre papel de algodón de 300 grs. En cada rectángulo pueden verse los ojos de hombres, mujeres y niños de diferentes etnias que miran a los ojos del observador.

Entre las miradas aparece el Primer Artículo de la Declaración Universal de Derechos Humanos traducido a 56 idiomas ya que estos pueden acercar o alejar a unas personas de otras.

Se ven espejos que reflejan los ojos de los observadores, la casa está desarticulada, el piso es inestable, todo cubierto con muchos rectángulos cosidos y suturados manual y amorosamente. También hay una gran mancha texturada que con violencia se derrama sobre los rostros de las personas que nos miran fijamente. La artista se lamenta de que cada vez estas miradas pertenecen a seres humanos que no logramos vivir en paz unos con otros.

Artista de vastísima trayectoria nacional e internacional tiene un corpus de obra muy vinculado a los derechos humanos. Se reconoce como testigo, hija de padre y madre sobrevivientes de Auschwitz, alza su voz para reclamar a la humanidad asumir la responsabilidad que cada individuo tiene en la construcción de un mundo mejor.

Interesada en la figura de El Testigo, en 2006 exhibió en el Centro Recoleta y en la galería de arte de la Universidad de Maryland, en el Museo Bernard Heller (Manhattan ) “Ser testigo”, una gran instalación de su muestra Borges y la Cábala, senderos del Verbo con poemas de Saúl Sosnovski, así como la serie presentada en el Museo Hood de Vermont “Testimonio para el Testigo”.

Artista múltiple, puede abordar la escultura, el objeto, la pintura, la fotografía , el video-arte y es también esencialmente gráfica. Sillas con alas, lápices, laberintos, espejos, tejidos de palabras, puede combinar poesía con gran profundidad, nos lleva a la esencia del ser humano que no podrá ser jamás suplantado por ningún avatar. Es una adalid de todo aquello relacionado con la memoria, la memoria del pueblo judío y de nuestra civilización. Sería imposible enumerar las obras realizadas: “La biblioteca infinita”, “Siglos de Memoria”, “Bordados en la piel de la memoria”, “El cuerpo de la palabra”, fotografías digitales, sus “Encajes de palabras”.

Recordamos las palabras de Corinne Sacca Abadi en ocasión de una muestra hace ya varios años, en el Centro Recoleta en la que “reunió y recapituló fragmentos de la historia de la Humanidad mediante la articulación de iconografías , mitos , historias y esencias de las diferentes culturas que pueblan nuestro universo para revisitarlas en una intersección que trasciende su contemporaneidad para tornarse universales”. El poeta Eliahu Toker la describió como persona verdadera, artista verdadera, su trabajo se arraiga en lo espiritual. Una humanista nata, ya que su obra está relacionada con la identidad, el testimonio y la memoria. Cada vez que exhibe, el espectador enriquece su percepción, sus imágenes dejan profundas huellas y consecuencias estéticas. La instalación se ve desde la calle durante el día y hasta las 24. El 6 de diciembre a las 18 se hará una activación en la que los visitantes podrán llevar sus fotos de miradas para integrarlas a la instalación.

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