Cuarenta y cinco años después de que Martin Luther King proclamara su "sueño", y cuando EEUU encara la posibilidad de elegir al primer presidente negro de su historia, la situación de los afroamericanos ha mejorado para la clase media pero es peor para los pobres.
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"Sueño con que mis cuatro hijos vivan un día en un país donde no se les juzgue por el color de su piel sino por el contenido de su carácter", dijo King el 28 de agosto de 1963 ante cientos de miles de manifestantes congregados junto al Lincoln Memorial, en Washington.
Los avances son evidentes: ha habido negros secretarios de Estado, jueces, jefes de policía, rectores universitarios, y Barack Obama aspira con posibilidades reales a la Casa Blanca.
Pero quienes siguen prisioneros de sus prejuicios todavía están lejos del punto en que puedan clamar "¡Libre, Dios todopoderoso, al fin libre!" de su racismo, como lo soñaba King.
En 1968 el 40 por ciento de los negros vivía en la pobreza y otro 20 por ciento se mantenía apenas a flote. Hoy la Oficina del Censo indica que el índice de pobreza entre los negros es del 24,5 por ciento, lo cual representa obviamente una mejoría, aunque la tasa de pobreza nacional es del 12,5 por ciento, y la de los blancos es de sólo el 8,2 por ciento.
En 2007 el ingreso medio real de los todos los hogares en EEUU fue de 50.233 dólares, pero fue de 54.920 dólares para los blancos y de 33.679 dólares para los negros.
Cuatro décadas atrás menos del 2 por ciento de los hogares negros tenía un ingreso anual equivalente a 100.000 dólares actuales. Ahora el 10 por ciento de los hogares pasa esa marca, y la comunidad negra en EEUU tiene un poder adquisitivo de 800.000 millones de dólares.
Si esta comunidad se imaginase como un país soberano, sería la decimoquinta o decimosexta nación más rica del mundo.
Sin embargo, el número creciente de graduados negros en las universidades, de profesionales altamente calificados y de científicos de categoría mundial se enfrenta a prácticas discriminatorias en los empleos.
Una reciente serie especial de la cadena CNN de televisión titulada "Black in America" mostró que frecuentemente es más fácil que un hombre blanco con antecedentes penales sea aceptado en un empleo frente a un negro con estudios e historial delictivo impecable.
Pero en cuatro décadas también han empeorado sustancialmente las condiciones para los negros que viven en la pobreza.
En las cárceles locales, estatales y federales de Estados Unidos hay más de 2 millones de reclusos y reclusas -714 por cada 100.000 personas en la tasa de encarcelamiento más alta del mundo-, y aunque los negros son poco más del 12 por ciento de la población, representan el 42 por ciento de los presos.
A pesar de las mejoras en la salud, los hombres negros nacidos en 2004 tienen una expectativa de vida seis años menor que sus conciudadanos blancos.
De acuerdo con el Centro Pew, uno de cada nueve negros entre 20 y 34 años de edad está en prisión, comparado con uno de cada 30 hombres del resto de la población. Uno de cada tres hombres negros entre 20 y 29 años de edad está o ha estado en reformatorios, bajo arresto o libertad condicional, en prisiones o cárceles.
Con un millón de hombres negros tras los muros, y la pérdida de derecho de voto de los que ya hayan cumplido sus sentencias, la participación política de los hombres afroamericanos es muy inferior a lo que podría esperarse de su número.
Estos factores han acrecentado una escasez de hombres negros jóvenes, por lo cual se ha deteriorado gravemente la familia tanto en la clase media como en los sectores más pobres.
El 37 por ciento de los abortos en EEUU se da entre mujeres negras aunque son sólo el 13 por ciento de la población femenina. El 65 por ciento de los casos nuevos de infección con el virus de inmunodeficiencia humana ocurre entre mujeres negras.
La tasa de nacimientos entre las mujeres negras es de 67,8 por cada 1.000, más del doble que la de las mujeres blancas, de 30,1 por cada 1.000, aunque está muy por debajo de la de las hispanas, que es de 100,3 por cada 1.000.
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