Washington (AFP, ANSA) --El libro del periodista Bob Woodward, «Plan of Attack», que relata los preparativos estadounidenses para la guerra contra Irak, puso a la defensiva al gobierno de George W. Bush. La obra, que en su primer día a la venta se convirtió en un éxito editorial, está motivando todo tipo de aclaraciones en la administración Bush, que fue acusada por el autor de desviar fondos para Irak por u$s 700 millones. El secretario de Estado, Colin Powell, que se enfrentó agriamente con el vicepresidente Dick Cheney por diferencias de criterios en torno de Irak, al punto de retirarse mutuamente la palabra, admitió que fue una de las fuentes del periodista famoso por su participación en el Watergate que hizo caer al gobierno de Richard Nixon.
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A tal punto se consideran fidedignas las fuentes del libro (del que Ambito Financiero dio un adelanto el lunes pasado), que figura a la cabeza de la «lista de lecturas recomendadas» en el sitio Web de Bush, que busca la reelección (www.georgewbush.com). El trabajo revela que ya cuando EE.UU. invadió Afganistán tenía planeado proseguir el ataque hacia Irak, y que Powell fue casi ignorado por Bush, Cheney y el jefe del Pentágono Donald Rumsfeld, distanciado a su vez del vicepresidente.
«Todos hablamos con Woodward. Esa era una decisión de la Casa Blanca», se defendió Powell en la cadena de televisión CNN. «Fue la ocasión de ayudar a escribir una historia contemporánea a este período», agregó.
Woodward describió a Powell como una «voz moderada» en el seno del gobierno y como alguien «molesto con lo que veía y entendía» en relación a las intenciones de la Casa Blanca de atacar a Irak. Powell llegó a calificar como Gestapo a las oficinas de colaboradores de Cheney.
La Casa Blanca se llevó otro dolor de cabeza cuando Woodward denunció que el gobierno usó en la preparación de la guerra contra Irak unos 700 millones de dólares de los fondos que el Congreso había asignado para la guerra en Afganistán y la lucha contra el terrorismo.
Un funcionario de la Casa Blanca sostuvo que «al Congreso se le mantuvo informado de los fondos que fueron aprobados como fondos de emergencia y sobre los cuales el Pentágono tenía amplia discreción». El senador republicano John McCain, de Arizona, declaró a la cadena de televisión CBS que creía que el gobierno «cumplió estrictamente con la interpretación de las reglas de notificación al Congreso». En cambio, el representante demócrata David Obey, de Wisconsin, sostuvo que «el gobierno debe al Congreso una rendición de cuentas».