El presidente brasileño acordó ayer con su par español, José María Aznar, un «acuerdo estratégico» bianual que, además de la cooperación bilateral, incluirá la coordinación de posiciones en organismos multilaterales.
El ministro de Hacienda,
«Yo prefiero más tiempo con la mejor reforma a una reforma apurada que pierda la calidad del producto», dijo Palocci antes de embarcar para regresar a Brasil.
Los desacuerdos entre el gobierno -que ha tenido mayoritariamente en cuenta los reclamos de los 27 gobernadores del país-, el Congreso y el poderoso Poder Judicial -capaz de bloquear la reforma en los tribunales-, son la causa de la demora. Los principales puntos de discordia en este momento se centran en la exigencia del Poder Judicial de que las jubilaciones sean iguales a los salarios que se pagan en actividad y que crezcan cada vez que haya subas de sueldos. Además, quedarían sin efecto topes de 830 dólares y un gravamen de 11% a las jubilaciones superiores a 370 dólares a cambio de un aumento mayor al previsto inicialmente en la edad de retiro.
El gobierno, que la semana pasada se comprometió con los jueces y el Congreso sobre este punto, intenta minimizar el costo político con los gobernadores que reclaman que de ser así, sólo se aplique para los actuales funcionarios. Los que se incorporen al Estado una vez aprobada la reforma tendrán otro régimen, más restrictivo.
Desde hoy, cuando regrese a Brasil, Lula deberá laudar entre sus funcionarios y los líderes del oficialismo en el Congreso. «La última opinión será la del presidente Lula», dijo ayer el ministro de Previsión,
Dejá tu comentario