El director de la Casa Civil (jefe de Gabinete del gobierno brasileño), José Dirceu, calificó ayer de «intolerables» y de «atentado a la democracia» las escuchas ilegales a parlamentarios del estado de Bahía, un escándalo que creció con fuerza el fin de semana al conocerse una confesión del principal acusado en el caso, el poderoso senador Antonio Carlos Magalhaes, hasta ahora aliado clave del gobierno.
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En tanto, en declaraciones divulgadas por la oficial «Agencia Brasil», Dirceu -mano derecha de Luiz Inácio Lula Da Silva- desmintió versiones de prensa según las cuales «el presidente articula una caída rápida de Magalhaes para evitar una crisis en el Senado».
El escándalo, que podría provocar fisuras en la alianza que sostiene a Lula en el Congreso, arreció el fin de semana, cuando la revista «Istoé» aseguró que Magalhaes reconoció haber mandado «pinchar» el teléfono de su rival del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) en Bahia, Geddel Vieira Lima, y la revista «Epoca» se hizo eco de la acusación directa de la ex amante del senador, Adriana Barreto, 40 años más joven que Magalhaes, asegurando que también a ella le reconoció el delito.
• Polémica
La confesión divulgada por «Istoé» tuvo un elemento polémico: el senador, líder del influyente Partido del Frente Liberal (PFL), había hablado «off the record», esto es a condición de que sus palabras no fueran publicadas.
«Lo que le voy a decir a usted no lo puede publicar: yo mandé 'grampear' («pinchar») a Geddel (diputado Geddel Vieira Lima). Grabé casi 200 horas de conversaciones vergonzosas, incluso con el (ex) presidente de la República», Fernando Henrique Cardoso, dijo el senador Magalhaes a reporteros de «Istoé».
El espionaje se realizó entre el 19 de mayo y el 21 de agosto de 2002, en plena campaña electoral, y Vieira Lima era el principal adversario político de Magalhaes.
El Congreso analizó el caso toda la semana pasada pero rehuyó la creación de una comisión investigadora. Las últimas revelaciones podrían ahora provocar un giro en la situación.
Según la publicación, firmada por los periodistas Luiz Claudio Cunha y Weiller Diniz, el senador mostró un informe de 170 páginas con el registro de 126 conversaciones. Parte de esas transcripciones fueron entregadas a reporteros de «Folha de Sao Paulo» y de la revista «Veja», que no las publicaron, dijo Magalhaes.
«Quedaron aterrorizados y sin consultarme destruyeron el material, destruyeron todo; yo quedé muy irritado cuando supe que fue destruido», afirma el senador. Magalhaes se prepara ahora para desmentir toda la confesión que le atribuyó «Istoé». Consultado por el sitio on line del «Jornal do Brasil», Magalhaes afirmó que durante la conversación con los periodistas de ese medio estuvo acompañado de un testigo que está dispuesto a negar todo. Además, negó categóricamente la posibilidad de renunciar a sus funciones.
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