Bagdad (ANSA) - «Seremos su Vietnam», advirtió ayer a Washington el líder radical chiita Moqtada al Sadr en medio de una nueva jornada de enfrentamientos contra las fuerzas de ocupación lideradas por Estados Unidos.
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Al Sadr lanzó su amenaza a través de una declaración transmitida por uno de sus representantes en Najaf, en la que también exhorta a los norteamericanos a ayudar «a los hermanos iraquíes» a hacer «lo posible para que el poder sea transferido a los iraquíes honestos».
El líder chiita acusó a los miembros del consejo de gobierno provisorio de Irak de «colaboracionistas» y de no «representar al pueblo iraquí». «Deben respaldar a los hermanos iraquíes, que padecen la injusticia de sus gobernantes y de su ejército de ocupación, y ayudar a hacer lo posible para que el poder sea transferido a los iraquíes honestos -dijo Al Sadr-. De otro modo, Irak se transformará en otro Vietnam para Estados Unidos y para sus ocupantes.»
Ese es un riesgo del cual está bien al tantoel consejo provisional iraquí, que estaría considerando dejar caer las acusaciones de homicidio contra Sadr a cambio de la renuncia al uso de la violencia, según se reveló ayer.
La batalla lanzada en Bagdad y en otras ciudades de Irak por las milicias de Sadr, que ha costado decenas de vidas a los norteamericanos y centenares a los iraquíes, coincide con la víspera de tres aniversarios potencialmente explosivos. Hoy se cumplirá el quinto aniversario del homicidio del padre y de dos hermanos de Al Sadr, cometidos bajo el régimen de Saddam Hussein. Mañana se iniciará una importante festividad religiosa chiita, que prevé la movilización de centenares de miles de peregrinos. Y, también mañana, será el primer aniversario de la caída de Bagdad y del acceso de las fuerzas norteamericanas a la capital.
Líderes chiitas más moderados, como el gran ayatolá Ali al Sistani, advirtieron a los norteamericanos que la popularidad del clérigo radical puede crecer de manera incontenible en el caso de su arresto. Estos aseguran que Al Sadr por ahora es popular sólo entre los chiitas más jóvenes y exaltados. Pero al mismo tiempo, los dirigentes chiitas deben cuidarse del peligro de que su popularidad sea desplazada por la del joven extremista, cuyas iniciativas ponen en riesgo todas sus estrategias.
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