El Papa condenó la voluntad del hombre «de poseer el mundo y su propia vida, descartando a Dios, considerado para ellos como un obstáculo». «Un «Si Dios es tolerado sólo como hecho privado, y es expulsado de la vida pública, la sociedad pierde la brújula de la misericordia y del amor hacia el prójimo», agregó el pontífice. Este es un problema que embiste a Occidente y la Iglesia en Europa, nudo central del catolicismo, lugar clave para Benedicto XVI.
El Papa lanzó estas severas palabras en la inauguración del Sínodo de los Obispos, el primero de su pontificado, con una misa solemne que presidió en la basílica de San Pedro. El Sínodo está dedicado a la «Eucaristía, fuente y culminación de la vida y de la misión de la Iglesia», tema elegido por
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