5 de noviembre 2006 - 00:00

Alta participación en presidenciales de Nicaragua

Daniel Ortega
Daniel Ortega
Los nicaragüenses acudieron este domingo en masa a las urnas para elegir presidente en unas elecciones históricas, convertidas en escenario de la lucha de influencias que libran Estados Unidos y Venezuela en la región.

El ex guerrillero y presidente Daniel Ortega, del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), viejo enemigo de Estados Unidos y amigo del jefe de Estado venezolano Hugo Chávez, partía como favorito en estos comicios que han registrado una participación masiva.

El líder de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN, derecha) Eduardo Montealegre, que goza de las simpatías de Estados Unidos, se perfilaba como el principal rival de Ortega.

Con los sondeos a boca de urna explícitamente prohibidos, los primeros indicios sobre la decisión de los nicaraguenses se conocerán hacia las 04h00 GMT, cuando el Consejo Supremo Electoral comience a difundir resultados de esta histórica elección que ha estado marcada por el 'revival' de la Guerra Fría.

Daniel Ortega podrá consagrarse presidente con el 35% de los votos siempre y cuando saque 5 puntos de diferencia a su inmediato seguidor, que intentaba forzar a cualquier precio una segunda vuelta, en cuyo caso, el líder sandinista no tendría ninguna posibilidad de vencer, coinciden todas las encuestas.

"Tenemos la plena confianza en Dios y en el pueblo nicaragüense, que el pueblo de Nicaragua va a ganar en primera vuelta", dijo Ortega tras depositar su voto hacia las 08h30, antes de enviar "nuestro cariño para el hermano pueblo venezolano, para todos los pueblos latinoamericanos y caribeños, todo nuestro amor, todo nuestro aprecio".

El ex líder guerrillero, que tomó el poder por las armas y lo cedió a su rival Violeta Chamorro tras perder elecciones limpias en 1990, adoptó ahora un edulcorado discurso, plagado de referencias a Dios, el amor al prójimo y su deseo de realizar una "revolución espiritual y solidaria".

Estados Unidos, que ha tomado claro partido por el liberal Eduardo Montealegre, no ha dudado en ejercer todo tipo de presiones, incluida la amenaza de bloquear las remesas que envían los emigrantes nicaragüenses a sus familiares, en caso de una victoria de Ortega.

José Rizo, el aspirante del Partido Liberal Constitucionalista (PLC, derecha); Edmundo Jarquín, del Movimiento Renovador Sandinista (MRS, izquierda) y Edén Pastora de Alianza por el Cambio, completan la lista de candidatos, la más numerosa de la joven democracia nicaragüense.

Los votantes inscritos que aguardaban en la fila al cierre de los colegios electorales a las 00H00 GMT, pudieron seguir votando.

Cerca de 3,6 millones de nicaragüenses fueron convocados a las urnas también para renovar la Asamblea Nacional en una jornada que estuvo marcada por el retraso de hasta tres horas en la apertura de algunas de las 11.274 Juntas Receptoras de Votos, y por múltiples quejas de irregularidades.

Según el jefe de la misión de observadores de la Unión Europea, Claudio Fava, que realizó un balance preliminar del desarrollo de la jornada, las quejas "no son tan graves como parar el proceso electoral".

Más de 17.000 observadores nacionales e internacionales han intentado minimizar las irregularidades, aunque no se descarta que en caso de un resultado ajustado se eche mano a la peligrosa arma de las impugnaciones.

Además de los retrasos en la apertura de las Juntas Receptoras de votos, algunas de las quejas de los partidos fueron las cortapisas a los fiscales políticos en algunos centros de votación.

También se detectaron maniobras de demoras adrede del proceso, para desgastar a los ciudadanos que han llegado a esperar varias horas para emitir su voto o la violación por algunos partidos, entre ellos el FSLN o el PLC, del silencio electoral que prohíbe explícitamente cualquier propaganda electoral.

Las autoridades han multiplicado los llamamientos a la calma mientras se aguardan los resultados definitivos y han pedido a los candidatos que no hagan autoproclamaciones gratuitas que azuzen las pasiones partidistas.

El gobierno ha desplegado un imponente sistema de seguridad en el que participan más de 33.000 efectivos.

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