El secretario general de la ONU, Kofi Annan, advirtió hoy del peligro inminente de una guerra civil en Irak y pidió tomar medidas de inmediato, tras la sangrienta escalada de violencia sectaria que protagonizan suníes y chiíes.
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"Dada la situación sobre el terreno, a no ser que se haga algo drástico y urgente para detener el deterioro de la situación, podríamos estar en una guerra civil. De hecho, casi hemos llegado", declaró Annan a los periodistas.
El titular de la ONU tiene previsto hoy entrevistarse con los integrantes del Grupo de Estudio para Irak, un panel de expertos presidido por el ex secretario de Estado estadounidense James Baker, que está elaborando una propuesta sobre opciones políticas de EEUU en Irak.
Anteriormente, el grupo se reunió con el vicesecretario general, Mark Malloch Brown, así como el representante especial de la ONU para Irak, Asraf Qazi, según informó hoy el portavoz del organismo, Stephane Dujarric.
No es la primera vez que Annan alerta sobre el peligro de una guerra civil entre los iraquíes, pues ya lo puso de manifiesto en septiembre pasado cuando una treintena de países se reunió para acordar un Plan de Acción Global para Irak.
En aquella ocasión, dijo que "si los actuales patrones de alienación y violencia persisten mucho más, existe un grave peligro de que el Estado iraquí colapse, posiblemente en medio de una guerra civil a gran escala".
Annan, que terminará su mandato el próximo 31 de diciembre, después de diez años en el cargo, declaró en diciembre del 2004 que la guerra en Irak era "ilegal", contraria a la Carta de la ONU, lo que suscitó los resentimientos de Washington.
La implicación actual de la ONU en el país es prácticamente testimonial, a través de una misión de asistencia (UNAMI), que dirige Qazi, para atender necesidades de carácter humanitario.
La retirada de la ONU del país se produjo después del atentado de la sede del organismo en Bagdad, en agosto del 2003, en el que murieron 22 personas, entre ellas el entonces representante especial, el brasileño Sergio Viera de Mello.
Los temores expresados por Annan también son compartidos por muchos legisladores y personalidades políticas en EEUU, así como por los reporteros y periodistas que cubren la situación sobre el terreno.
El próximo jueves, el presidente de EEUU, George W. Bush, y el primer ministro iraquí, Nuri al-Maliki, tienen previsto reunirse en Aman, capital de Jordania, para analizar la actual y creciente ola de violencia.
Ambos mandatarios intentarán fijar una "hoja de ruta" sobre las posibles alternativas para salir del atolladero actual, e involucrar a otros países de la región que puedan ejercer sus influencias para retomar la situación y la estabilidad.
Con este objetivo, el presidente iraquí, Yalal Talabani, se encuentra hoy en Teherán para solicitar ayuda a Irán en la lucha contra el terrorismo y para restablecer la seguridad en su país.
Pese a las reacciones que ha generado la próxima reunión entre Bush y al-Maliki, ambos han decidido mantener la cita.
El encuentro es rechazado por facciones políticas iraquíes como el "Bloque Sadr", formado por diputados seguidores del clérigo radical chií Muqtada al Sadr, que amenazó con retirarse del Gobierno de unidad nacional si la reunión se celebra tal y como está previsto.
Las amenazas surgieron tras los sangrientos atentados del pasado jueves en el barrio bagdadí de Ciudad Sadr que, con más de 200 muertos, se convirtieron en los peores desde el inicio de la invasión estadounidense de Irak, en marzo del 2003.
Muchos de los atentados, secuestros y asesinatos en Irak se enmarcan dentro de la violencia sectaria que protagonizan suníes y chiíes, desencadenada en febrero pasado tras el atentado que destruyó la cúpula de un importante santuario chií de la ciudad de Samarra, al norte de Bagdad.
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