El resultado de las elecciones brasileñas del domingo fue sorprendente por su dimensión. Hace sólo 30 días, Lula superaba por más de 12 puntos a todos sus opositores, sumados. Pero el PSDB, el principal partido de la oposición, tuvo una performance excelente. Ubicó a su candidato en 41,64% contra 48,61% del presidente. Y conquistó los dos estados principales de Brasil, San Pablo y Minas Gerais. Por eso ahora se multiplican en Brasil las voces de expertos que auguran una derrota para Lula el 29 de octubre. Sostienen que lo que se inició con el nuevo escándalo de corrupción de hace dos semanas (hombres del PT comprando «carpetas» para ensuciar a la oposición) es una ola de castigo al gobierno que no se detuvo con los comicios del domingo. Se pone el foco ahora, entonces, sobre Geraldo Alckmin, el desafiante de Lula. Un médico que viene de ser gobernador de San Pablo, poco carismático, militante de la ortodoxia católica y muy ligado al poderoso empresariado paulista (tanto que se lo presume proteccionista, devaluador). Es decir, alguien destinado a no llevarse bien con Néstor Kirchner, aun cuando ayer, en un reportaje que le realizó el enviado especial de este diario, elogiara el Mercosur. De cualquier modo, sería un error disminuir las posibilidades de Lula para el ballottage. En principio la posible abstención de muchos de los que votaron a terceros candidatos lo beneficia. Sólo se consideran los votos válidos.
Además, Lula es un político muy profesional, gobierna la impresionante maquinaria del Estado brasileño y se enfrenta a un oponente que ya no cuenta con los dos soportes que cooperaron con su carrera del domingo pasado: precisamente los triunfadores de San Pablo (Serra) y Minas Gerais (Neves), para quienes un triunfo de su correligionario Alckmin podría no ser tan atractivo. Desde anteayer, ellos tienen la mirada puesta en 2010, es decir, en la disputa electoral del próximo mandato presidencial.
San Pablo (enviado especial) - ¿Puede Lula perder el ballottage? Esta era la pregunta que ayer se formulaban obsesivamente los medios y los analistas en este país. La ventaja de 7 puntos del presidente sobre el opositor Geraldo Alckmin, unos 6,5 millones de votos, parece considerable, lo que se suma a que sólo necesitará en la segunda vuelta mejorar su desempeño en un punto y medio para asegurar su reelección. Además, hay que tener en cuenta que una abstención de electores de las opciones menores votadas el domingo podría facilitarle mucho más ese propósito.
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Sin embargo, el estado de ánimo de unos y otros equilibraba ayer los tantos. Ni en sus sueños más placenteros Alckmin, socialdemócrata en la chapa pero conservador en sus convicciones y en su accionar, pensaba sacar semejante cantidad de votos. Hasta hace menos de un mes marchaba a más de 20 puntos de Lula en todas las encuestas, pero el domingo se alzó con más de 41% de los sufragios.
«Sí, Lula puede perder. De hecho ya no es el gran favorito que era en la campaña para la primera vuelta. La disputa ahora está indefinida y ambos tienen chances casi iguales», dijo a Ambito Financiero el analista político Rogério Schmidt, de la consultora Tendencias.
Marcelo Salomon, analista de mercado de Unibanco, se mostró de acuerdo en diálogo con este enviado. «El resultado del domingo fue una sorpresa, porque Alckmin sacó un número de votos mayor que lo imaginado. Además lo beneficia la tendencia a la suba de los días previos a los comicios y la debilidad relativa de Lula», explicó. Con todo, con los números en la mano, admite que «el presidente sigue siendo el favorito».
De cara a la campaña que se abre, que mostrará a Lula mucho más activo y a Alckmin buscando seguir explotando el tema de la corrupción, Salomon ve un problema para ambos. «Habrá desgaste tanto para el Partido de los Trabajadores como para el Partido de la Social Democracia Brasileña», estima, aludiendo a la vieja verdad de que nadie gana las guerras sangrientas.
En el casi 7% de los votos obtenido por la izquierdista Heloísa Helena radica la definición de la segunda vuelta. Ella ya prometió dejar en libertad a sus electores y anticipó que su decisión personal es la abstención. De acuerdo con Schmidt, «los votantes de Heloísa tienden a votar a Alckmin», lo mismo que 2,7% que optó por el ex ministro de Lula Cristovam Buarque. Con todo, admite que «una porción minoritaria del voto de la combativa senadora, de gente con una ideología de izquierda muy definida, podría abstenerse». ¿Le alcanzará con eso a Lula? Esa es la gran cuestión. El analista de Tendencias revela que las mediciones hechas por la consultora el último fin de semana dieron al presidente 5 puntos de ventaja para un escenario de ballottage, aunque advierte que «se debe tener en cuenta el impacto que provocó que Lula no haya ganado en primera vuelta».
En la nueva campaña, «Lula tendrá que bajar de su silla de presidente y enfrentar a su adversario con mayor coraje. No debió negarse al debate en TV del jueves pasado; eso fue muy negativo para él», explica Schmidt. Y el eje de su discurso debe ser «la defensa de su gobierno con uñas y dientes».
Por último, señala que para Alckmin la estrategia tiene menos secretos. «Tiene que hacer lo mismo que en la recta final de la campaña para la primera vuelta: apuntar a los escándalos de corrupción en el gobierno, sembrar más sospechas sobre la idoneidad moral de Lula».
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