30 de septiembre 2019 - 00:00

Arabia Saudita aún paga los daños diplomáticos por el crimen de Khashoggi

Riad - Un año después del asesinato del periodista Jamal Khashoggi, Arabia Saudita intenta pasar página a una crisis política y diplomática que debilitó su posición internacional y lastró las promesas de modernización del príncipe heredero, según los analistas.

El príncipe Mohamed bin Salmán, autoproclamado reformista que dice haber extraído al ultraconservador reino de su anacronismo, fue acogido con elogios en todo el mundo. Hasta el asesinato el 2 de octubre pasado, en el consulado saudita en Estambul, del periodista disidente.

Las consecuencias convirtieron al heredero del trono del más poderoso de los países árabes en un personaje poco presentable, y lanzaron dudas sobre sus reformas, además de atraer la atención sobre la situación de los derechos humanos en Arabia Saudita y quebrar sus alianzas con las potencias occidentales.

Desde entonces, el príncipe trata de restablecer su reputación, lanzando campañas de relaciones públicas, y acelerando lo que los analistas llaman “la orientación al Este”, en dirección de aliados menos críticos como China o India. Pero el éxito es limitado.

“El espectro de Khashoggi planea siempre sobre el reino”, declaró Bruce Riedel, exagente de la CIA y autor de un libro sobre Arabia Saudita titulado Reyes y presidentes.

Según informaciones de prensa, la CIA cree que el asesinato fue encargado probablemente por el propio príncipe heredero.

Una experta de la ONU, Agnès Callamard, llegó a la conclusión en junio de que había pruebas suficientes para abrir una investigación sobre la responsabilidad del príncipe heredero en el caso.

Arabia Saudita vive un momento de crecientes tensiones con su rival Irán, acusado por Washington de haber atacado el 14 de septiembre instalaciones petroleras sauditas.

Estados Unidos, un aliado clave de Riad, anunció tras esos ataques el despliegue de 200 soldados, así como de misiles Patriot, en Arabia Saudita.

El presidente Donald Trump subrayó la importancia de Arabia Saudita como cliente de armas y como muralla contra el enemigo común iraní, pero varios legisladores estadounidenses no parecen dispuestos a perdonar al príncipe heredero.

“En cierta medida, el asesinato de Khashoggi sumió en el aislamiento a Arabia Saudita a nivel global”, afirmó Quentin de Pimodan, experto del Instituto de investigación de estudios europeos y estadounidenses, con sede en Grecia.

“Trump dio su apoyo a Riad, pero Estados Unidos insiste en el hecho de que ya no es tan dependiente del petróleo saudita como antes. Arabia Saudita está sola frente a la amenaza de Irán y en el conflicto del vecino Yemen” agregó.

El asesinato del periodista enfriaron los ánimos de los inversores extranjeros, que acudían en gran número al país.

Para compensar esta situación, Riad anunció el viernes el lanzamiento de visados turísticos, en el marco de sus esfuerzos para diversificar la economía, muy centrada en la producción de petroleo.

El proyecto de salida a bolsa del gigante petrolero estatal Aramco, piedra angular del programa de reformas del príncipe Mohamed, inicialmente previsto para 2018, también fue retrasado.

“Desde el asesinato, Arabia Saudita contrató a expertos occidentales para promover al reino y mejorar su reputación en las redes sociales”, subrayó Pimodan. “Pero será difícil borrar el estigma del asesinato”, agregó.

Agencia AFP

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