Ereván - El anuncio de un acuerdo para poner fin a la guerra en la disputada región de Nagorno Karabaj desató ayer protestas y un sentimiento de derrota en Armenia, júbilo y celebraciones en Azerbaiyán, el inicio de un despliegue de fuerzas de paz desde Rusia y un interrogante en la región: ¿cuál será el rol de Turquía en esta nueva realidad?
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Tras seis semanas de duros combates, que dejaron 1.300 muertos e hicieron temer una guerra de dimensiones internacionales, los líderes de Armenia, Azerbaiyán y Rusia firmaron el lunes a última hora una declaración para “poner fin a la guerra” por Nagorno Karabaj, un enclave de mayoría armenia que declaró su independencia de Azerbaiyán, pero nunca logró reconocimiento internacional.
El anuncio desató una ola de protestas y disturbios durante la madrugada en Ereván, la capital armenia, que terminó con la sede de Gobierno saqueada, el edificio del Parlamento tomado por manifestantes que piden una sesión de urgencia para revertir el acuerdo y el titular del Poder Legislativo, Ararat Mirzoyan, herido.
Al mismo tiempo, el clima político y social en Baku, la capital azerbaiyana, era completamente opuesto. Tras el mensaje a la nación de anoche del presidente Ilham Aliyev, en el que calificó el acuerdo como “una capitulación” armenia, grupos de personas salieron a las calles con banderas nacionales.
La alegría se debe a que el acuerdo establece que cada parte, Armenia y Azerbaiyán, mantendrá las zonas “conquistadas”, mientras que una fuerza de paz extranjera controlará el cese de hostilidades en la línea divisoria de facto entre las zonas bajo control armenio y azerbaiyano, y entre el Nagorno Karabaj armenio y la República de Armenia.
Además, Armenia debe entregar otros distritos que eran controlados desde los años 1990 por sus fuerzas.



