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11 de julio 2007 - 00:00

Asalto a la mezquita deja ya 60 muertos. Se teme por los rehenes

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La Mezquita Roja, escenario ayer de feroces combates entre soldados del gobierno paquistaní y rebeldes fundamentalistas, está enclavada en el centro de Islamabad. La revuelta es un desafío directo al gobierno de Pervez Musharraf, un aliado clave de EE.UU.
Islamabad (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - El líder de los extremistas atrincherados en la Mezquita Roja de Islamabad, el clérigo Abdul Rashid Ghazi, fue abatido ayer junto a al menos 60 personas en el interior del templo, tras 16 horas de asalto militar que no lograba al cierre de esta edición acabar con la resistencia armada y poner a salvo a un número no determinado de mujeres y niños mantenidos como rehenes.

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El ministro paquistaní del Interior, Aftab Sherpao, confirmó el deceso. Según indicó el funcionario, las fuerzas especiales del Ejército lo habían hallado herido de bala en el búnker femenino de la madrasa, y le ofrecieron vivir a cambio de su rendición.

Sherpao añadió que Ghazi aceptó, pero terminó siendo abatido en el fuego cruzado entre las tropas paquistaníes y los radicales islámicos que querían impedir su rendición, quienes también fueron eliminados dentro del refugio. La operación, que requirió soldados de refuerzo ante la fuerte respuesta de los rebeldes, había comenzado a las 4,00 hora local tras el fracaso de las negociaciones.

La muerte del líder no detuvo la resistencia de los islamistas, que continuaba anoche en el recinto de la Jamia Hafsa, la escuela de niñas. La feroz respuesta de los terroristas hizo suponer que entre los rebeldes se encuentran líderes terroristas.

  • Víctimas

  • Según fuentes militares, al menos 60 personas perdieron la vida en el asalto al recinto religioso, entre ellos diez soldados del Grupo de Servicios Especiales del ejército, el cuerpo al que pertenece el presidente de Pakistán, general Pervez Musharraf, un aliado clave de EE.UU. en la guerra antiterrorista. Además, dos docenas de soldados resultaron heridos, de acuerdo con la versión oficial, que también informó de la salida de 80 mujeres y niños del complejo.

    Las fuentes militares añadieron que varios integristas seguían en los sótanos de la Jamia Hafsa, con un «buen número» de rehenes y que estaban montando una «desesperada» defensa de sus posiciones. El portavoz del ejército, Waheed Arshad, explicó que los radicales disponían de un arsenal de granadas, minas, cebos explosivos y hasta lanzagranadas.

    La Mezquita Roja de Islamabad, situada en un barrio comercial en el corazón de la capital paquistaní, se había convertido hace seis meses en un peligroso foco integrista, con su clérigo principal, Abdul Aziz, hermano del líder muerto, amenazando en sus sermones del viernes con atentados suicidas si Musharraf no imponía totalmente la ley islámica («sharia») en el país.

    Los estudiantes de sus dos madrasas (para varones y mujeres) habían secuestrado a prostitutas, policías y, más recientemente, a siete ciudadanos chinos, lo que creó un conflicto para Musharraf con Pekín, uno de sus principales aliados (ver aparte). Sus acciones provocaron temor de que se expandiera el extremismo proveniente de las regiones tribales fronterizas con Afganistán. Según informaciones del Pentágono, allí se escondería el líder de Al-Qaeda, Osama bin Laden. De hecho, los atrincherados en la Mezquita Roja imaginaban su «martirio»como el inicio de una revolución islamista en Pakistán.

    En su última comunicación telefónica con un canal de televisión, Rashid Ghazi había pedido a sus seguidores que venguen su muerte y prosigan su «yihad» contra Musharraf. «Lucharé hasta la última gota de mi sangre», proclamó. Y en su supuesto último comunicado por escrito, divulgado por los medios locales, el clérigo comparó el asalto a la mezquita con «el campo de batalla de Kerbala (Irak), porque los cuerpos sin vida de niños y mujeres están por todas partes».

    El gobierno de Estados Unidos respaldó ayer el ataque a la mezquita. El portavoz del Departamento de Estado, Tom Casey, afirmó que los militantes habían sido advertidos muchas veces antes de que el ejército paquistaní tomaría el control del templo tras el fracaso de las negociaciones. «El gobierno de Pakistán ha actuado de manera responsable», dijo Casey, quien agregó que «todos los gobiernos tienen la responsabilidad de preservar el orden». El auge de los islamistas no deja de ser achacable a las autoridades, que durante décadas potenciaron a los radicales porque les sacaban partido en Afganistán y en la disputada zona india de Cachemira, aseguró Tauseef Ahmed, profesor de la Universidad Urdú de Karachi. «Es el final trágico de años de políticas aplicadas por la jerarquía militar», acusó.

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