5 de abril 2004 - 00:00

Aumenta la alerta en Alemania

Berlín (EFE) - Las autoridades de control financiero y de Interior de Alemania están alarmadas por el flujo masivo de capitales que está llegando desde los países islámicos, pues no descartan que parte de ese dinero provenga del terrorismo.

Según informa el diario «Welt» en su edición dominical, los grupos bancarios y de inversión calculan que en la actualidad hay unos 500.000 millones de euros en circulación en manos musulmanas, de los que al menos 5.000 millones se invertirán en Alemania.

Según los expertos financieros consultados por el «Welt» inversores musulmanes han retirado de Estados Unidos unos 250.000 millones de dólares y ahora buscan nuevos destinos de inversión. Alemania es una alternativa. Tal cantidad de dinero en circulación ha hecho sonar las alarmas en la Oficina Federal de control bancario y financiero y en las dependencias de Interior que combaten el lavado de dinero y las fuentes de financiación del terrorismo y tráfico de armas. «No se descarta que una parte de ese dinero proceda de manos no demasiado limpias», declararon al periódico expertos consultados, que añadieron que algunas de las operaciones bancarias con esos países islámicos están siendo ya revisadas por la Fiscalía Federal de Delitos Financieros (BaFin).

El diario destaca que las autoridades han pedido a los bancos que redoblen la vigilancia y colaboren en la lucha contra el lavado de dinero y la financiación de actividades ilegales.

Estos datos se conocen tras la inquietud generada por un documento de la red Al-Qaeda («La Base») que advierte que su nueva «diplomacia militar estará escrita con sangre y decorada con restos humanos», considerado auténtico por los servicios secretos alemanes.

Según el grupo de Osama bin Laden, sus blancos -desde empresarios a políticos, pasando por intelectuales, rabinos y hasta turistas- serán, en orden, primero los judíos y luego los cristianos. Dentro de éstos, están más en la mira los norteamericanos, los británicos, los españoles, los australianos y los italianos, entre otros. La idea es, afirma, asestar golpes a la economía de los países industrializados.

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