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"Conservaré el interinato de Relaciones Exteriores durante por lo menos seis meses, incluso más. No pierdan tiempo buscando el nombre del próximo ministro", declaró al principal diario italiano, el Corriere della Sera.
Ruggiero, líder de los pro-europeos en el seno del gobierno, fue obligado a dimitir luego de divergencias que se hicieron demasiado profundas entre él y Berlusconi en relación a declaraciones de algunos ministros críticos de la integración europea.
"No era posible avanzar así, con nosotros (el gobierno) obligados cada día a pasar un examen de europeísmo", agregó Berlusconi.
El primer ministro confirmó que a sus ojos la dimisión de Ruggiero no cambiaba en nada la continuidad de la política exterior italiana pues "la política exterior, son los jefes de gobierno los que la hacen".
Al mismo tiempo que reiteró su posición pro-europea, Berlusconi indicó que la diplomacia italiana debía cambiar y afirmó estar "convencido que las cualidades de los embajadores y cónsules deben medirse según los resultados de los intercambios comerciales, del aumento de las exportaciones de nuestros productos en los países en que trabajan".
El jefe del gobierno italiano había afirmado ya que la nueva política extranjera estaría al servicio de los intereses comerciales de las pequeñas y medianas empresas italianas.
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